Viernes, 04 de febrero de 2011

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El 3 de febrero de 1813 tuvo lugar la famosa batalla de San Lorenzo, al borde del?R?o?Parana, a pocos a?os de la Revoluci?n de Mayo. La Naci?n se estaba organizando pol?ticamente, y reci?n se estaban dando los primeros pasos (esta etapa durar?a hata 1853, a?o en el que se logra sancionar una Constituci?n, luego de las guerras civiles entre unitarios y federales). Asimismo,? el poder real a?n ofrec?a resistencia, y se propon?a recuperar el poder sobre las Provincias del R?o de la Plata, adem?s de todo el sub-continente. Los primeros ej?rcitos patri?ticos ten?an mucho de improvisaci?n y falta de experiencia, y deb?an combatir para derrotar definitivamente a los realistas, y?contaban con?pocos recursos, de hecho, el mismo Belgrano, sin experiencia militar, comand? los ej?rcitos que lucharon en el norte.

Fue as? que?en 1812?un j?ven nacido en estas tierras, m?s precisamente en Corrientes, que hab?a estado alistado en los ej?rcitos reales, altamente?preparado y capacitado en t?cnicas militares, habiendo recibido incluso distinciones por su participaci?n en batallas contra las tropas de Napole?n, llegaba al R?o de la Plata para lograr un claro objetivo que se hab?a propuesto desde Europa: liberar al continente americano.

Totalmente decidido a lanzarse a tal empresa, es presentado en sociedad en la Ciudad de Buenos Aires. Fund? y organiz? el regimiento de los granaderos a caballo, en el cu?l volc? todo su conocimiento y formaci?n. La primer misi?n: el combate de San Lorenzo, un 3 de febrero. Ser?a el debut del ej?rcito reci?n nacido. Y no pudo ser mejor.

El resto de la historia ya todos la conocemos, pero hoy, conmemorando esa fecha, recordaremos ese combate, en honor del Libertador y de aquel gran sargento, que di? su vida por su l?der y nuestra libertad. Compartimos por eso una nota sobre aquel acontecimiento.

Dios guarde a nuestra Am?rica.

Germ?n Grosso Molina


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El r?o de la Plata y sus afluentes reconoc?an por ?nicos se?ores a los marinos de Montevideo, quienes hostilizaban todo el litoral argentino. El gobierno de la revoluci?n, para contrarrestarlos levant? bater?as frente al Rosario y en Punta Gorda(aprox. 50 km. al norte de Rosario), pero el r?o Paran? continuaba siendo el teatro de sus continuas depredaciones. En octubre de 1812 fueron ca?oneados, asaltados y saqueados los pueblos de San Nicol?s y San Pedro.

Alentados por el ?xito de estas empresas los realistas resolvieron darles extensi?n, como medio de hostilidad permanente. Organizaron sigilosamente una escuadrilla con el plan de remontar el r?o, destruir las bater?as del Rosario y Punta Gorda, y subir hasta el Paraguay apresando en su trayecto los buques de cabotaje que se ocupaban del tr?fico comercial con aquella provincia. Se confi? la direcci?n del convoy al corso espa?ol Rafael Ruiz, y al mando de la tropa de desembarco al capit?n Juan Antonio Zabala. En enero llegaron estas noticias al gobierno de Buenos Aires, que mand? desarmar las bater?as del Rosario, por no considerar conveniente su defensa. Al mismo tiempo, dispuso se reforzasen las bater?as de Punta Gorda y orden? al coronel del recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo, Jos? Francisco de San Mart?n que con una parte de su regimiento protegiese las costas del Paran? desde Z?rate hasta Santa Fe.

La expedici?n naval realista, procedente de Montevideo, penetr? por las bocas del Guaz? a mediados del mes de enero de 1813. Se compon?a de 11 embarcaciones armadas, tripuladas por 300 hombres. Aunque retrasada la expedici?n por los vientos del norte, San Mart?n apenas tuvo tiempo de salir a su encuentro a la cabeza de 140 granaderos y destac? algunas partidas para vigilar la costa del r?o. El 28 de enero la flotilla enemiga pas? por San Nicol?s. El 30 subi? m?s arriba del Rosario, sin hacer ninguna hostilidad. El comandante militar del Rosario, don Celedonio Escalada, reuni? la milicia para oponerse al desembarco. Consist?a su fuerza en 22 hombres armados, 30 de caballer?a y un ca?oncito manejado por media docena de artilleros.

En la noche levaron anclas los buques espa?oles, y el d?a 30 amanecieron frente a San Lorenzo, veintis?is kil?metros al norte del Rosario, anclando a 200 metros de la orilla. Las altas barrancas, escarpadas como una muralla, s?lo son accesibles por los puntos en que la mano del hombre ha abierto sendas, practicando cortaduras. Sobre la alta planicie que corona la barranca se levanta el convento de San Carlos, con sus grandes claustros de sencilla arquitectura. Un destacamento espa?ol desembarc? con el objeto de requerir v?veres a los frailes y ante la llegada de Escalada, que con 50 hombres constitu?a la avanzada de San Mart?n, se repleg? a sus naves. En la noche del 31 fug? de la escuadrilla el paraguayo Jos? F?lix Bogado. Por ?l se supo que toda la fuerza de la expedici?n realista no pasaba de 350 hombres. Inmediatamente transmiti? Escalada esta noticia, y uno de sus mensajeros encontr? al coronel San Mart?n al frente de los granaderos, cuya marcha se hab?a retrasado en dos jornadas respecto de la expedici?n naval espa?ola. Sin estas circunstancias casuales, que dieron tiempo para que todo se preparase convenientemente, el combate de San Lorenzo no habr?a tenido lugar.

Angel Della Valle. Combate de San Lorenzo, detalle de la carga de Granaderos.
?leo. MHN. Buenos Aires.

San Mart?n, con su columna, segu?a a marchas forzadas. En la noche del d?a 2 de 'febrero, lleg? a la posta de San Lorenzo, distante cinco kil?metros del convento. All? encontr? los caballos que Escalada hab?a hecho llevar a modo de remonta. Esa misma noche la columna patriota arrib? al convento de San Carlos, en San Lorenzo. Todas las celdas estaban desiertas y ning?n rumor se percib?a en los claustros. Cerrado el port?n, los escuadrones echaron pi? a tierra en el gran patio del convento, prohibiendo el coronel que se encendiesen fuegos, ni se hablara en voz alta. San Mart?n, provisto de un catalejo, subi? a la torre de la iglesia y se cercior? de que el enemigo estaba all? por las se?ales que hac?a por medio de fanales. Seguidamente reconoci? el terreno vecino y, tomando en cuenta las noticias suministradas por Escalada, form? inmediatamente su plan.

Al frente del convento se extiende una alta planicie, adecuada para las maniobras de la caballer?a. Entre el atrio y el borde de la barranca acantilada, a cuyo pie se extiende la playa, media una distancia de poco m?s de 300 metros, lo suficiente para dar una carga de fondo. Con estos conocimientos, San Mart?n dispuso que los granaderos saliesen del patio y se emboscaran formados tras los macizos claustros y las tapias posteriores del convento. Al rayar la aurora, subi? por segunda vez al campanario provisto de su anteojo militar. Pocos momentos despu?s de las cinco de la ma?ana las primeras lanchas de la expedici?n espa?ola, cargadas de hombres armados, tomaban tierra. Eran dos peque?as columnas de infanter?a en disposici?n de combate. San Mart?n se puso al frente de sus granaderos y areng? a quienes por primera vez iba a conducir a la pelea. Despu?s de esto tom? el mando del 2? escuadr?n y dio el del 1? al capit?n Justo Berm?dez, con prevenci?n de flanquear y cortar la retirada a los invasores: "En el centro de las columnas enemigas nos encontraremos, y all? dar? a Ud. Mis ?rdenes." Los enemigos, unos 250 hombres, ven?an formados en dos columnas paralelas con la bandera desplegada y tra?an dos piezas de artiller?a al centro. En aquel instante reson? por primera vez al clar?n de guerra de los Granaderos a caballo. Salieron por derecha e izquierda del monasterio los dos escuadrones, sable en mano y en aire de carga, tocando a deg?ello. San Mart?n llevaba el ataque por la izquierda y Berm?dez por la derecha. El combate de San Lorenzo tiene de singular que ha sido narrado con encomio por el mismo enemigo vencido: "Sin embargo, de la primera p?rdida de los enemigos, desentendi?ndose de la que les causaba nuestra artiller?a, cubrieron sus claros con la mayor rapidez, atacando a nuestra gente con tal denuedo que no dieron lugar a formar cuadro."

Las cabezas de las columnas espa?olas desorganizadas en la primera carga, que fue casi simult?nea, se replegaron sobre las mitades de retaguardia y rompieron un nutrido fuego contra los agresores, recibiendo a varios de ellos en la punta de sus bayonetas. San Mart?n, al frente de su escuadr?n, se encontr? con la columna que mandaba en persona el comandante Zabala. Una descarga de fusiler?a mat? a su caballo y le derrib? en tierra, quedando aprisionada bajo el corcel ya muerto una de sus piernas. Tr?base a su alrededor un combate parcial de arma blanca, recibiendo ?l una ligera herida de sable en el rostro. Un soldado espa?ol se dispon?a a atravesarlo con la bayoneta, cuando uno de sus granaderos, llamado Baigorria, traspas? a realista con su lanza. San Mart?n habr?a sucumbido en aquel trance, si otro de sus soldados no hubiese venido en su auxilio, echando pie a tierra y arroj?ndose sable en mano en medio de la la refriega.

Con fuerza y serenidad Juan Bautista Cabral, desembaraza a su jefe del caballo muerto y recibe, en aquel acto, dos heridas mortales, gritando con entereza: ?Muero contento. Hemos batido al enemigo!

El capit?n Berm?dez, a la cabeza del escuadr?n de la derecha, hizo retroceder la columna que encontr? a su frente. La victoria se consum? en menos de un cuarto de hora. Los espa?oles, desconcertados y deshechos por el doble y brusco ataque, abandonaron en el campo su artiller?a, sus muertos y heridos, y se replegaron haciendo resistencia sobre el borde de la barranca, donde intentaron formar cuadro. La escuadrilla rompi? fuego para proteger la retirada, y una de sus balas hiri? al capit?n Berm?dez en el momento en que llevaba la segunda carga. El teniente Manuel D?az Velez, que lo acompa?aba, arrebatado por su entusiasmo y el ?mpetu de su caballo, se despe?? de la barranca. Los ?ltimos dispersos espa?oles se lanzaron en fuga a la playa baja, precipit?ndose muchos de ellos al despe?adero. Los granaderos tuvieron veintisiete heridos y quince muertos.

San Mart?n suministr? generosamente v?veres frescos para los heridos enemigos, a petici?n del jefe espa?ol. A la sombra de un pino a?oso, que todav?a se conserva en el huerto de San Lorenzo, firm? el parte de la victoria.

El combate de San Lorenzo, aunque de poca importancia militar, fue de gran trascendencia para la revoluci?n. Pacific? el litoral de los r?os Paran? y Uruguay, dando seguridad a sus poblaciones; mantuvo libre la comunicaci?n con Entre R?os, que era la base del ej?rcito sitiador de Montevideo; priv? a esta plaza del auxilio de v?veres para prolongar su resistencia; conserv? franco el comercio con el Paraguay, que era una fuente de recursos y, sobre todo, dio un nuevo general a sus ej?rcitos y a sus armas un nuevo temple.

Fuente: Instituto Nacional Sanmartiniano

M?s informaci?n

http://www.sanmartiniano.gov.ar/textos/parte2/texto039.php

Notas relacionadas:

https://opinando.blogcindario.com/2010/02/00118-bicentenario-relevancia-de-chacabuco.html

https://opinando.blogcindario.com/2009/08/00088-bicentenario-jose-de-san-martin.html

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Abstract

Battle of San Lorenzo, in which the General San Martin, liberator of America (Argentina, Chile and Peru), fought for the first time a national army against the royalist troops, getting a key win for America's freedom.

Bataille de San Lorenzo, dans lequel le g?n?ral San Martin, lib?rateur de l'Am?rique (Argentine, Chili et P?rou), se sont battus pour la premi?re fois une arm?e nationale contre les troupes royalistes, obtenir une victoire cl? pour la libert? de l'Am?rique.

Schlacht von San Lorenzo, in dem der General San Martin, Befreier von Amerika (Argentinien, Chile und Peru), zum ersten Mal eine nationale Armee gegen die royalistischen Truppen k?mpften, immer eine wichtige Sieg f?r die Freiheit Amerikas.

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Tags: San Martín, San Lorenzo, Batalla, Independencia, América

Publicado por GEGM_81 @ 10:09  | bicentenrario 2010-2016
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