Domingo, 31 de enero de 2016

Por Germán Eduardo Grosso Molina[1]

<<Aquellos hombres de hace doscientos años deseaban construir una nación independiente y soberana. Ese fue su legado para la historia. Doscientos años han pasado durante los cuales los hombres y mujeres que nos precedieron construyeron, con aciertos y errores, una herencia que nos pertenece y de la cual nos debemos hacer cargo…>> (Bergoglio 2013, 17)

El 25 de mayo de 2010 los argentinos celebramos el bicentenario de la revolución de mayo: nacía la Patria; y nos preparábamos para este intervalo de “los bicentenarios”. El 25 de mayo de 1810 comenzaba el período de emancipación, concretado con la declaración de la independencia, el 9 de julio de 1816. Seríamos a partir de allí una nación libre y soberana. Transcurrirían 4 décadas más para que logremos la organización nacional, con la sanción de la Constitución Nacional de 1853, superada la guerra civil, y la posterior incorporación de Buenos Aires a la por entonces “Confederación Argentina”, arribando al texto constitucional de 1860, previo Pacto de San José de Flores. El próximo 9 de julio cumpliremos entonces 200 años desde la declaración de la independencia, en el Congreso de Tucumán. Nada más, y nada menos.

No es nuestro propósito hacer ahora, en este post, un análisis histórico, ni mucho menos. Pero sí proponer que pensemos todo lo que hemos vivido como nación libre y soberana en este tiempo, y observarlos a la luz de lo que somos hoy, en este 2016 que está comenzando.

Entre otros aspectos, en esta breve nota “disparadora” (abordaremos en los próximos meses distintos temas, que irán surgiendo de a poco) sugiero meditar acerca de la “grieta” que estamos viviendo los argentinos.

Ya hemos meditado anteriormente sobre esta realidad (allí remito: Argentinos 2015). El proceso electoral vivido durante el 2015 (arrancó ciertamente con las legislativas de 2013) dejó muy bien marcado, lamentablemente, el terreno de juego: kirchneristas o anti- kirchneristas. La grieta es realmente muy aguda: se ve en todos los ámbitos, siendo las redes sociales un gran termómetro de ese fenómeno.

En ese sentido, y cuando ante semejante acontecimiento (el bicentenario) hacemos un inventario de lo que la historia nos ha dejado y lo que la actualizad nos presenta, no podemos partir de una óptica parcial, al menos sin reconocer o asumir que así se lo haga. En ese inventario no pueden imponerse visiones decadentistas, que perciben la realidad como una continua degradación partiendo de un paraíso perdido, ni visiones triunfalistas acríticas, que no perciben las problemáticas que tenemos aún por resolver  (Bergoglio, 2013).

Lo más llamativo, y triste, es cómo esas diferencias políticas han llegado a extremos exagerados. Amigos, familiares y/o compañeros de trabajo que directamente se han distanciado unos de otros, por esa causa. Reuniones familiares, sociales, culturales, etc. estropeadas por discusiones estériles, agresivas y hasta ofensivas, que arruinan todo.

Paso a exponer. Estériles: tanto los unos como los otros, en la mayoría de los casos claro está (nunca es bueno generalizar), no están dispuestos a ver otra realidad más que la que quieren ver, y por ende, a creer a los dirigentes o periodistas que mantienen la misma idea o postura. Raramente un partidario del kirchnerismo aceptará errores o situaciones que los opositores les querrán hacer ver, ni los opositores aceptarán logros o virtudes del gobierno que terminó el 10 de diciembre (bueno, para ser más precisos, el 9 de diciembre, mamarracho mediante, de la entrega de los atributos presidenciales). Ese cerramiento y falta de realismo que muchas veces se ha notado en la discusión, lleva a la “agresión”. Puesto que los fundamentos, tanto de unos como de otros, no son escuchados o atendidos por los contrarios, y por eso, comienza el ataque. En primer lugar, contra los dirigentes (Cristina “yegua”, Máximo “inútil”, Tuerto “HDP”, etc. o Macri “facho”, Massa “traidor”, Carrió “demente”, etc.), y luego contra los que simpatizan o se ubican en una determinada idea (K= corruptos, ladrones, vagos, zurdos, etc.; macristas=gorilas, fachos, vendepatrias, etc.). Quienes se quieren ubicar en un punto intermedio (por no emplear el tan “subjetivo” término o calificativo de “objetivos” – entiéndase la ironía), serán calificados seguramente de “tibios”, “vendidos”, etc. Ante un comentario en defensa del gobierno K, vendrá el calificativo de “kirchnerista HDP…”, o a un comentario en contra, el de “gorila HDP…”. Esa agresión verbal, es en definitiva, una ofensa. Ello así, puesto que los que criticaban al gobierno K, no se daban cuenta que a la vez, había millones de argentinos (no todos de La Cámpora, ni militantes de Kolina, etc.) que apoyaban ese proyecto político, o a la inversa. Personas que, por alguna razón, mantienen esa postura, y se las debe respetar, aunque no aceptemos su postura, pero sí como personas que forman parte de este país.

Cuantas veces se habrá escuchado decir: “Gente que no aportó nunca cobrando una jubilación…”, criticándolos y despreciándolos, sin ser conscientes, los que así se expresaban, que frente de ellos mismos habría tal vez un hombre o una mujer que trabajó toda su vida “en negro”, y que por supuesto, nunca podría haber recibido un beneficio jubilatorio ante la falta de aportes… O ante expresiones como “todos estos vagos de mier…”, cuando al lado de ellos habría tal vez una humilde, pero trabajadora mujer, que con un pequeños subsidio logró armar un taller de costura en su casa, por nombrar algunos ejemplos. Del mismo modo frente expesiones como “Los desaparecidos eran todos zurdos, en buena hora que los milicos se limpiaron a esas basuras”, cuando ha existido gente que ha sufrido la pérdida de algún familiar tal vez inocente, y aún en el caso de los violentos guerrilleros, desaparecidos sin juicio previo… Negar el terrorismo de estado, como así también la violencia guerrillera, son posturas que deberían ya superarse de una vez en la Argentina, aceptando en cada caso el mal que produjeron, tanto de uno como de otro bando.

Por su parte también pensemos que frente a expresiones (kirchneristas) tales como “Son todos gorilas… no quieren la redistribución”, para descalificar marchas de protesta contra medidas del gobierno, habían millones de trabajadores de clase media que, trabajando 12 horas diarias, cuidando el bolsillo, haciendo malabares frente a la inflación, veían cómo el trabajo de años de esfuerzo se veía acotado por al terrible impuesto (impuestazo) a las ganancias, que impedía que un docente, un trabajador textil, un camionero, un “jubilado”, etc., pudiera progresar y dar un pequeño salto cuantitativo y cualitativo en su calidad de vida. Del mismo modo ante expresiones como “Los manifestantes son todos fachos de la dictadura…” habían millones de argentinos que habían sufrido la pérdida de un ser querido en manos de la delincuencia. Años de trabajo que se van en un instante ante una salidera bancaria, o asaltos en casas, desvalijadas totalmente… En fin, gente trabajadora, honorable, que se ve asediada totalmente por la delincuencia, y que tenía derecho a reclamar medidas, tildada de “fachistas” por los simpatizantes de aquel gobierno.

En fin, pequeños ejemplos que se me ocurren para graficar la triste realidad que esta “grieta” social nos presenta. A la esterilidad, agresividad y ofensividad descriptas, se suman la incoherencia. Y es así, puesto que lo que muchos no veían en el Gobierno de Cristina, lo denuncian y señalan en el recientemente iniciado gobierno de Macri, o a la inversa. Ejemplo: el sábado pasado se reunieron los gobernadores kirchneristas y emitieron un documento contra el Gobierno Nacional, por haber recortado la partida presupuestaria dispuesta por Cristina relativa a la coparticipación federal. Claro que olvidan que el gobierno K dispuso tal media, en el último mes de gobierno de sus 12 años en el poder. Raro que no se hayan acordado antes de realizar ese reclamo. Por otro lado, cada vez que Cristina bailaba en un acto político, se leían comentarios como “loca, ridícula, irrespetuosa, etc.”, mientras que los aplaudidores militantes (militontos, dijo alguien alguna vez), se emocionaban ante la escena. Los mismos que criticaban a Cristina, elogiaron a Macri cuando bailó en el balcón el día de la asunción, mientras que los que se emocionaban con Cristina, se escandalizaban con Macri. Estos pequeños ejemplos, insignificantes seguramente, pero que grafican la situación de incoherencia que se está viendo. Esta realidad esta “grieta”, lamentablemente, tampoco es nueva. Los obispos argentinos, en 1981, tuvieron esta expresión, en el recomendable documento “Iglesia y Comunidad Nacional”:

Desgraciadamente con frecuencia, cada sector ha exaltado los valores que representa y los intereses que defiende, excluyendo los de otros grupos. Así, en nuestra historia se vuelve difícil el reconocimiento de los errores propios y, por tanto, la reconciliación. No podemos dividir al país, de una manera simplista, entre buenos y malos, justos y corruptos, patriotas y apátridas. No queremos negar que haya un gravísimo problema ético en la raíz de la crítica situación que vive el país, pero nos resistimos a plantearlo en los términos arriba recordados… (4. Conferencia Episcopal Argentina 1981, n31)

Superar la distancia

Frente a esta situación, el desafío de este bicentenario que se acerca consiste, entre otras tantísimas cosas (a las que pretendo referir en próximas salidas), en superar esta distancia. Para ello, es importante la sinceridad. Reconocer realmente lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal. Y además, asumir una postura política determinada. Es muy fácil calificarse de “independiente” o “apolítico” y de ese modo estar siempre dispuesto a criticar al Gobierno que sea, cuando las cosas no funcionan bien. Es importante que cada uno se identifique con una idea y deje de esquivar el compromiso que implica hacerse cargo de una postura política. O se es de izquierda, de derecha o de centro; liberal o progresista; socialista o capitalista; justicialista, radical o ahora del PRO, etc., como quieran clasificarlo. No existe una apostura neutra. Asumiendo una postura política sincera, se podrá opinar y participar democráticamente, con responsabilidad. Sino siempre será más fácil desentenderse de las políticas que se llevan adelante y echarle la culpa a los “corruptos de siempre”… Asumir una identidad política implica saber desde dónde piensa y habla cada uno, y de ese modo se puede construir positivamente en el disenso. Camuflados en el rol de “independientes” nunca se podrá abordar una discusión seria y responsablemente. Ello no debe implicar la estigmatización del otro (Ah!, este es “gorila”, “facho”, “zurdo”, “peroncho”, etc.), sino simplemente saber desde dónde y por qué el otro, al que debo respetar, sostiene o apoya tal o cual medida, que aunque uno no comparta, debe escuchar y atender.

La famosa “cultura del encuentro” demanda ponerse siempre en el lugar del otro para analizar la realidad. Asumiendo una postura política con responsabilidad, la sinceridad luego reside en analizar las situaciones con objetividad (dejamos de lado la ironía que empleamos recién en el término): destacar virtudes y reconocer errores, tanto propios como ajenos, recordando que sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común (9. Conferencia Episcopal Argentina 2008, n. 5), …el diálogo es esencial en la vida de toda familia y de cualquier construcción comunitaria. El que acepta este camino amplía sus perspectivas. Gracias a la opinión constructiva del otro, descubre nuevos aspectos y dimensiones de la realidad, que no alcanzaría a reconocer en el aislamiento y la obstinación… (9. Conferencia Episcopal Argentina 2008, n. 16)

Por último, estimo que es fundamental en todo esto, la intolerancia ante la “corrupción”. O se es intransigente con todos, o con ninguno; correlativamente, o se es impune con “nadie” o se lo es con “todos”. No se puede seguir justificando la corrupción, en ningún caso. Basta ya del famoso “Roban, pero hacen…”, “Y si no transás con el sistema cómo hacés…”, “Es la única forma de llegar al Poder…”, etc. Corrupción Cero y punto. Sé que es una utopía tal vez, pero es así. Si no, no se puede apelar después a descalificar a un gobierno (por ejemplo el menemismo) por la corrupción, cuando se está justificando la corrupción en el gobierno que cada uno intenta defender. Si la corrupción está mal, está mal siempre y punto.

Ver en el otro, que piensa diferente, una persona, un compatriota, un trabajador, un hombre de la patria que, por alguna razón, piensa diferente. Ponernos en el lugar del otro para luego poder ponernos de acuerdo. Escucharnos, dejar hablar a los demás, leer las distintas versiones, comparar, analizar, debatir, ser sinceros… Elementales actitudes que nos ayudarán a superar esta grieta tan triste, pero real, que estamos viviendo.

Los próceres de la Patria, los que dieron la vida por la independencia, la organización nacional o la defensa de la soberanía, en combate; al igual que nuestros antepasados, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, y los que vendrán, se merecen que quienes nos toca vivir esta hora de la Patria, lo hagamos con honor y estemos a la atura de las circunstancias.

Así reflexionaba Bergoglio:

…nuestra historia es dramática y llena de contradicciones, muchas veces violentas… tenemos que leer nuestro pasado y superarnos… Se nos imponer la tarea de mirar nuestro pasado con más cariño, con otras claves y anclajes, recuperando aquello que nos ayuda vivir juntos, aquello que nos potencia, aquellos elementos que pueden darnos pistas para hacer crecer y consolidar una cultura del encuentro y un horizonte utópico compartido (Bergoglio 2013, 34)

Desafíos muy importantes aparecen frente a nosotros: Pobreza cero; luchar contra el narcotráfico, la trata de personas, el trabajo infantil, etc.; trabajo para todos, cuidado del medio ambiente, aprovechamiento responsable de los recursos naturales, amistad con el mundo, educación para nuestros hijos, etc. A estos temas, que son algunos de los centrales de la agenda nacional, se suma la agenda del mundo, que además abarca otros más globales: la paz, el calentamiento global, los refugiados, la miseria y el hambre, la intolerancia racial o religiosa, el terrorismo, etc.

Es mi humilde opinión, espero haberme expresado bien y que compartan, al menos en parte, esta reflexión.

Un abrazo grande para todos, y que Dios y la Virgen de Luján nos iluminen en este camino al bicentenario.

 

Trabajos citados

Bergoglio, Jorge Mario. Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo (Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad 2010-216). 1° edición, 1° reimpresión. Buenos Aires: Ed. Claretiana, 2013.

Conferencia Episcopal Argentina, 42° Asamblea plenaria. «Iglesia y Comunidad Nacional.» San Miguel, Buenos Aires, 4-9 de Mayo de 1981.

Conferencia Episcopal Argentina, 96ª Asamblea Plenaria. «Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad.» El Cenáculo – la Montonera (Pilar), Buenos Aires, 14 de noviembre de 2008.

 

 

 

 

 

 



[1] Abogado y docente universitario. Funcionario judicial. Diplomado en Antropología Cristiana por la UFASTA. Padre de familia.


Tags: GGBicentenario, Bicentenario, Grieta, Desafíos

Publicado por GEGM_81 @ 3:33  | bicentenrario 2010-2016
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Comentarios
Publicado por Julio Q.
Lunes, 08 de febrero de 2016 | 0:53

Como señal de protesta ante el límite de mil caracteres en los comentarios es que dejo mi comentario en el siguiente enlace para quien deseare conocerlo.

http://pastebin.com/r6ib4xTB

Julio Elías Quattropani