Viernes, 25 de diciembre de 2015

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Por Germán Grosso Molina

Hola amigos/as. Esta Navidad nos encuentra esta vez recién iniciado el Año Santo de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, quien nos dice que Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes (Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia Misericordiae Vultus - MV 3). En esta pequeña y humilde reflexión sobre la Navidad, pretendo unir ambos motivos.

La Navidad es una fiesta sin dudas hermosa. Socialmente nos une como familia, como sociedad. La gente anda feliz, con alegría, transmitiendo esperanza y buenos deseos. Ese fenómeno es fruto del acontecimiento más importante de la historia de la humanidad: el nacimiento del Salvador. Aún los no creyentes se suman a esta ola de buenos deseos, que tiene su origen en esta fiesta de la Iglesia dedicada al nacimiento de Cristo. Nacimiento que no nos debe dejar de sorprender. Estamos tal vez acostumbrados a las imágenes y postales de la Navidad. Pero no debemos dejar de reflexionar sobre el modo en el cual el Hijo de Dios se hizo carne: en el seno virginal de María, esposa de aquel humilde carpintero, José. En un anoche fría de Belén, ciudad del Rey David, en un establo, porque no había lugar para ellos en la posada… Con esa humildad y simpleza, el creador del mundo, se hace niño…

Por un edicto del emperador, todos los habitantes de aquella zona debían empadronarse en su ciudad de origen. José, de la familia de David, tomó a su esposa María, y se dirigió a Belén (cfr. Lc 2, 1-4). Esa noche, luego de recorrer toda la pequeña aldea, no encontraron lugar en ningún lado. Ningún familiar, amigo o conocido alojó a la pareja, aún en las condiciones en las que se encontraba María, a punto de dar a luz. Ni siquiera en la posada del pueblo había lugar para ellos. Puerta tras puerta se cerraba. Es así que tuvieron que arreglárselas en un establo, junto a los animales, organizaron el lugar donde nacería el redentor:

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Lc 2, 6-7)

Aquí vienen algunas reflexiones. Jesús hoy sigue buscando refugio. Él está en la carne de los más débiles y necesitados, de los pobres y excluidos de la sociedad. Pero no sólo en ello, también en aquellas personas que están alrededor nuestro, faltas de cariño, afecto y compañía. En aquellos que están padeciendo una enfermedad, una angustia, algún problema que no los deja vivir; los que viven en soledad, sin trabajo, sin esperanzas... ¿Les cerramos la puerta también nosotros, como aquellos aldeanos de Belén lo hicieron con José y María? ¿O lo hacemos pasar y le damos alojamiento? El posadero de aquella noche, es hoy nuestro corazón: podemos abrir o cerrar la puerta al redentor.

San Josemaría reflexionaba de este modo:           

Lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus, “hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor”. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. Esa verdad debe llenar nuestras vidas: cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma (Escrivá s.f., n. 12)

En este año de la misericordia, en la que la Iglesia pretende hacer conocer a todo el mundo el mensaje de amor del Padre Dios que entregó su Hijo en la cruz para darnos el perdón, reflexionando sobre este mensaje, podemos llevar adelante las obras de misericordia que propone la Iglesia, y que nos llevan a reconciliarnos con el Padre. “Misericordiosos como el Padre” es el lema de este año jubilar. El Papa nos dice que

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro (MV 2)

Entre las obras de misericordia que el Papa recomienda para beneficiarnos de las gracias que este año nos va a conceder, como las indulgencias, podemos enumerar:

  • Dar de comer al hambriento
  • Dar de beber al sediento
  • Dar alojamiento al peregrino o refugiado
  • Vestir al desnudo
  • Visitar a los enfermos y a los presos
  • Enseñar al que no sabe
  • Corregir al que se equivoca
  • Tolerar a aquellos que nos hacen mal o no podemos soportar
  • Rezar por los vivos y difuntos

Con cualquiera de estas obras de misericordia (corporales y espirituales, recordadas por el Papa en MV, n. 15), estaremos derramando hacia los demás ese amor que viene de Dios, además de beneficiarnos con las gracias de este año jubilar.

Es mi pequeña reflexión para esta navidad. Espero que el Emanuel (Dios-con-nosotros) que ha nacido nos bendiga a todos, y que pasemos unas felices fiestas, con quienes amamos.

Saludos


 

Bibliografía

Escrivá, San Josémaría. «Es Cristo que pasa.» www.escrivaobras.org. s.f. http://www.escrivaobras.org/book/es_cristo_que_pasa-punto-12.htm (último acceso: 24 de diciembre de 2015).

Francisco. «Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia Misericordiae Vultus.» www.vatican.va. 2015. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html (último acceso: 24 de diciembre de 2015).

Nueva Biblia de Jerusalem. Bilbao: Desclée, 1999.

 


Tags: Navidad, Misericordia, GGCristianismo

Publicado por GEGM_81 @ 10:33  | cristianismo
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