Domingo, 30 de junio de 2013

Hoy, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia de Cristo, se festeja en todo el orbe el día del Papa. Por tal motivo, compartimos con uds. una opinión acerca del Papa Francisco, vertida en un portal español.

Javier Gómez Cuesta para "La Nueva España"


Son frecuentes y reiterativas las críticas que le formulan a la Iglesia por el lenguaje que utiliza. Es poco inteligible para las generaciones actuales. Está acuñado principalmente en sistemas de pensamiento ya periclitados. Le falta frescura y agilidad. Parece tener miedo a que las nuevas formas de expresión hagan perder rigor a la doctrina y al mensaje que le ha sido encomendado. La misión de la Iglesia es comunicar la Buena Noticia. El lenguaje es la herramienta de la comunicación. El problema es importante. En ello nos va la transmisión de la fe. Como detalle indicativo se argumenta con la razón que frecuentemente dan los jóvenes para disculpar su falta de práctica religiosa: «La misa no me dice nada».


A esto hay que añadir el tono, unas veces, reiterativo, cansino y aburrido, otras, suficiente, categórico, cerrado, reclamando que tenemos el monopolio de la verdad en esta sociedad tan plural de saberes, ideologías y opiniones en la que cada uno tiene sus «verdades» que utiliza a discreción según se le ajuste mejor a la circunstancia que vive o atraviesa. Algunos señalan que estamos en la sociedad del disentimiento. Por eso, son tan difíciles los pactos y consensos. En la Iglesia tenemos que reflexionar y revisar nuestra capacidad de diálogo con la cultura actual tan versátil, tan cambiante a ritmos acelerados en la que la búsqueda de la verdad no es la pasión dominante. Es otra de las cuestiones pendientes que nos quedan del Concilio Vaticano II y que Pablo VI urgió en la encíclica «Ecclesiam suam» ( agosto, 1964), cuando algunos grupos conciliares intentaban desentenderse de la realidad histórica y minusvaloraban el Esquema XIII (luego, Gaudium et Spes), apuntando que era importante no solo para la sociedad humana, sino también para la misma Iglesia.


La forma de expresión lingüística va evolucionando con el tiempo. «Una palabra nueva es como una semilla fresca». No es lo mismo leer un documento u obra literaria del siglo XVI que el último premio Cervantes. El lenguaje, además de palabras, utiliza signos y gestos que pueden ser muy expresivos para la veracidad de la comunicación. Como dijo el literato inglés, Dr. Jhonson, «El lenguaje es el vestido del pensamiento» y ¡vaya si han cambiado los vestidos e indumentarias!


Entre las novedades que nos ha traído y nos sorprende el Papa Francisco, y no la menor, es el lenguaje que utiliza. El del pueblo llano. Hoy, día de Pentecostés, se dice en el Libro de los Hechos de los Apóstoles que, una vez que recibieron el Espíritu, «cada uno les oía hablar en su propio idioma». Son muchos los que, como los oyentes de aquel entonces, también se admiran y se preguntan: «¿cómo es que cada uno le oímos (a este papa) hablar en nuestra propia lengua?».


Me parece acertada la razón que me dio un amigo que suele analizar bien la realidad: «Hemos tenido un papa profesor universitario, ahora tenemos un papa pastor, un párroco». Benedicto XVI ha tenido una forma de magisterio con la que se quiso acercar y dialogar con el mundo cultural de hoy. Sus discursos en los grandes foros sobre cuestiones fundamentales para el orden social y humano y sus homilías han tenido en cuenta el momento intelectual y los razonamientos que están en vigor especialmente con relación a la propuesta cristiana y al Evangelio. El Papa Francisco quiere estar más cerca del pueblo sencillo.


Para su magisterio utiliza al ambón de la capilla de la residencia de Santa Marta que ha elegido para su estancia (un gesto que habla mucho). Desde allí, cada mañana, comentado la Palabra de Dios, hace reflexiones sugestiva, sencillas, pero llenas de verdad y actualidad. «L´Osservatore», diario del Vaticano, se hace eco de esa predicación. Pero son más llamativas las expresiones que utiliza que, además de populares, son por novedosas e inusuales. Hablando del concilio Vaticano II, se explaya que «no tiene marcha atrás», «que hay voces que quiere retroceder. Este se llama ser testarudos». Denomina «cristianos de salón» a los que «no tienen la fuerza de andar hacia adelante». Sobresalto causó lo que dijo a las religiosas hablando de que deben tener corazón de «madres» y no de «solteronas». Todos los días hay frases semejantes, más propias de un pastor y párroco que de un intelectual. Lo último ha sido el pequeño discurso, en la presentación de algunos embajadores, entre ellos el de Luxemburgo, sobre la crisis económica. No tiene desperdicio. Vale por una encíclica social. «¡El dinero deber servir y no gobernar!». Nadie se podrá excusar que no entiende lo que dice el Papa, con sus gestos y palabras.

Cita web: http://www.lne.es/gijon/2013/05/19/nuevo-lenguaje-papa-francisco/1414519.html


Tags: Papa, Francisco, Jorge Bergoglio, Iglesia Catolica

Publicado por GEGM_81 @ 5:17  | cristianismo
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