Mi?rcoles, 03 de abril de 2013

Por Germán Grosso Molina


Pasados ya algunos días del histórico momento en el que el cónclave convocado para elegir al sucesor de Benedicto XVI decidió elegir al Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, me animo a escribir estas líneas para compartir con uds.

Es que recién ahora estoy saliendo del “schock”, de la enorme “emoción” que sentí, al igual que millones de personas en el mundo, al escuchar las palabras del cardenal que tenía como misión anunciar al mundo el esperado “habemus papam”.

Hace unas semanas reflexionábamos sobre la dimisión del Papa Benedicto XVI, y desde este blog, me animaba a decir que Dios es el que guía y conduce a su Iglesia, y que pronto nos regalaría un nuevo pastor, encargado de “apacentar el rebaño” (Jn 21, 15-17), todo el pueblo de Dios. Y así fue. Ahora bien, no hay dudas de que el elegido, era ¡inimaginable! No vamos a repetir los mismos análisis que nos hemos cansado de oír de los periodistas, sacerdotes, fieles, etc. en estos días, acerca de lo sorprendente de la elección, habiendo elegido a un obispo que no estaba el que no estaba en los planes de nadie, salvo en los del Espíritu Santo.

Lo cierto es que evidentemente, los cardenales, inspirados por el Espíritu, han decidido llamar para ocupar la cátedra de Pedro, a un hombre del sur, del continente hoy por hoy más poblado de católicos del mundo. A un obispo que, en su labor pastoral, ha demostrado un férreo compromiso con los más pobres, lo excluidos, lo más necesitados. Amante del diálogo y del respeto mutuo. Alguien que ha sabido enlazarse con representantes de todas las religiones. Quien no ha tenido ningún inconveniente en decir la verdad, y denunciar aquellos flagelos que amenazan la paz social, como la droga, la trata de personas, las prostitución, la explotación laboral, etc., responsabilizando tanto a gobernantes nacionales como locales (Ciudad de Buenos Aires), empresarios, comerciantes o simples ciudadanos. Sus mensajes, como obispo, siempre han girado sobre un mismo centro: los pobres, los humildes, el diálogo, el compromiso que todos debemos asumir por el bien común. Y por supuesto, la defensa de la vida humana indefensa y la familia, también han sido ejes de su apostolado.

Un jesuita, acostumbrado a reglas estrictas de vida personal, con una admirable sabiduría y formación, pero a la vez un tipo capaz de hablar con lenguaje común y sencillo, virtud adquirida, claro está, del contacto permanente con el pueblo, con el humilde, el hombre común.

Un hombre fiel a la Iglesia y sus pastores, pero ajeno a la burocracia vaticana.

Un hombre que con su testimonio, ha dado ejemplo de vida cristiana. Un testimonio que muchos ignorábamos, pues no eran del todo conocidas sus recorridas por los subtes y colectivos, sus visitas a hospitales y centros de ayuda a enfermos, lo que es otra muestra clara de su humildad y austeridad.

En fin, una persona llena de virtudes cristianas, que tanto es necesario fomentar y transmitir a un mundo ajeno a Dios y su ley.

***

No puedo explicar la emoción enorme que sentí el escuchar esas poco claras palabras (fruto del latín, la situación, y el Parkinson que sufre el cardenal anunciante) que anunciaban que un nuevo Papa ya tenía la Iglesia. Pensar que el Espíritu Santo fijó su mirada en nuestro continente, en nuestra Argentina, para elegir un nuevo sucesor de San Pedro, me llenaron de emoción, de alegría, una felicidad inexplicable. Sentí como el corazón se me inflamaba y se llenaba de esperanza. Créanme que jamás sentí algo así en mi vida.

Y pienso que sin dudas una gran bendición ha recaído sobre nuestro continente, y nuestra Patria. Pensaba que como argentinos, este gesto divino, nos debe servir para recuperar la esperanza en construir un pueblo feliz, justo y en paz. Somos capaces. De esta tierra han nacido grandes personajes que hemos ofrecido al mundo entero a lo largo de nuestra historia: libertadores (San Martín, Belgrano),  literatos (Borges, Sábato), políticos (Perón), maestros (Sarmiento), deportistas (aquí la lista es más larga: Fangio, Monzón, Messi, Vilas, Ginóbili), científicos (Ameghino, Favaloro), artistas (Quino, Bocca, Mercedes Sosa, Gardel, Cerati, aquí la lista también puede hacerse extensa), ¡Santos! (Ceferino Namuncurá, Cura Brochero), mitos (Evita) y hoy, un pastor para la Iglesia universal. Sin dudas Dios se ha fijado en nosotros. No podemos perder la esperanza de ser una gran Nación, ¡luz para el mundo!

Además, como católicos y argentinos, debemos aprovechar también este fenómeno. Este entusiasmo vivido no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero, tras la elección de un Papa que ha sorprendido a todos con sus gestos permanentes desde el día que asumió, que demuestran una nueva forma de apostolado, es la oportunidad de comprometernos con la tarea evangelizadora de un mundo alejado cada más de Dios.

Es el momento también de que la Iglesia recupere el lugar que tenía en países con gran tradición cristiana, y se inserte en zonas que aún no han conocido plenamente el Evangelio.

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Pero más allá de estos análisis “mundanos”, “humanos”, que son inevitables que nos surjan de adentro del corazón, como hombres, como argentinos, lo más importante, y obviamente lo esencial, es reconocer el mensaje divino detrás de una elección como ésta.

Que Dios se haya fijado en un hombre como Bergoglio, con sus rasgos y características, es todo un mensaje que debemos interpretar profundamente. En este sentido podemos decir que Dios quiere una Iglesia apegada al mundo, a sus problemas, principalmente cercana a los pobres, a los enfermos. Que se preocupe por la creación, por protegerla y cuidarla. Una Iglesia “pobre para los pobres”. El ideario de san Francisco, el hombre de la paz, del bien, de los humildes, amante de la pobreza y la belleza de la creación, es el que debe iluminar los destinos del pueblo de Dios de ahora en más, con más firmeza y compromiso.

Es por eso que, más allá de la alegría que sentimos de ver ahora la celeste y blanca flamear desde la cúpula de San Pedro, debemos preocuparnos por empezar a escuchar, leer y atender el mensaje que nos está dando ya el Papa Francisco, y ponerlo en práctica. Sugiero leer sus primeras homilías y mensajes, ¡son geniales! No podemos desaprovecharlos y hay que ponerse a trabajar en eso.

Termino citando algunas de sus enseñanzas:

…la vocación de custodiar [Nota: aquí el Papa viene hablando de San José, custodio de la Sagrada Familia, y cómo esa misión también recae sobre nosotros] no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios…

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.

Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura…

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer…

Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar

(Homilía en el inicio de su pontificado, el 19-03-2013, solemnidad de San José, patrono de la Iglesia)

***

Recemos por el Papa Francisco, para que su pontificado sea fructífero, para que Dios lo ilumine, y el mensaje de Cristo llegue a todo el mundo. Que la Virgen María, Ntra. Sra. de Luján, lo acompañe siempre en su misión.

¡Viva el Papa! ¡Viva Francisco!

 

Links sugeridos:

Para leer los documentos, homilías y mensajes, del nuevo Papa Francisco [Clik aquí]

Para leer los mensajes, homilías y discursos del entonces Cardenal Jorge Bergoglio, como Obispo de Buenos Aires [Clik aquí]

Links a la página oficial del “Año de la Fe” [Clik aquí]


Tags: Papa Francisco, Jorge Bergoglio, Habemus Papam, German Grosso, GGCristianismo

Publicado por GEGM_81 @ 9:52  | cristianismo
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