Mi?rcoles, 16 de enero de 2013


Por Germán Grosso Molina

Comenzando este año 2013, propongo algunas reflexiones que comparto humildemente con Uds., “leales lectores”, para que luego cada uno piense en los objetivos que como argentinos deberíamos alcanzar.

Para ello, estimo necesario realizar dos tipos de análisis: político y social, por un lado, y espiritual, por otro.

Realidad política argentina actual

Es indudable el clima de crispación, intolerancia y convulsión en el que vivimos. Alimentado principalmente desde el Gobierno nacional, el odio y el desprecio por la opinión ajena se ha vuelto tan efervescente que ya casi es imposible llevar adelante una simple conversación entre dos personas con posturas políticas diferentes: el conservador, inmediatamente tildará al contrario de zurdo, subversivo, terrorista, comunista, etc., mientras que del otro lado, quien se califique como “progresista” o “popular”, ante la más mínima opinión disidente, calificará a su oponente (al que verá justamente como tal) de facho o fascista, genocida, antipopular, vende patria, y cuanto calificativo semejante se le ocurra. Basta observar durante no más de 15 minutos programas como “6, 7 y 8” (de la TV Pública) para darse cuenta. Quedan los que explícita o implícitamente mantienen una postura equilibrada, a quienes, de uno u otro lado, se lo catalogará al instante como del “bando” opuesto.

Se ha dividido notablemente el país en dos vertientes que sostienen posturas que ya casi son irreconciliables, tal como lo advierten los Obispos argentinos en el último documento publicado por la Conferencia Episcopal[i].

Nadie trata ya de encontrar puntos de encuentro. Definitivamente lo que hace el otro está “mal”, sea lo que sea, y sea para lo que sea. Debe condenarse cualquier iniciativa o simple opinión del adversario, el que es inmediatamente tildado de “enemigo”, al que hay que vencer, por no decir matar. Desde el oficialismo se ve a cualquier crítica como un acto “desestabilizador o golpista”. Mientras que desde la oposición, cualquier cosa que se haga desde el Gobierno, por más elogiable que sea, es reprochable y no merece aprobación o elogio.

Ese encarnizamiento contra el adversario es principalmente alentado, alimentado y sostenido, incluso al parecer como estrategia o metodología política, por el Gobierno nacional, el que no escatima en utilizar el aparato estatal para destruir (literalmente) a quien piense diferente. Cínicamente se habla de “pluralismo” o “imaginario colectivo”, cuando en realidad, todo aquel que no sostenga el discurso oficial es destruido y estigmatizado como “traidor”, servil de las “corporaciones”, pro-dictadura, etc. Delirante…

Los ataques contra la prensa opositora son un clarísimo ejemplo. Prensa que no es sujeto de mi devoción, ni mucho menos, si del grupo Clarín se trata, pero entiendo, estoy convencido, que la libertad de expresión ha de primar sobre todas las cosas, y no es admisible manosear la república (entiéndase, someter al Poder Judicial) para satisfacer apetencias parciales. Días atrás, ante los  revés judiciales que ha sufrido el Gobierno en su encarnizamiento contra el Grupo Clarín, la impresentable Hebe de Bonafini, ícono y emblema del proyecto kirchnerista, amenazó (una vez más) a los miembros del Poder Judicial, como sí de ahora en más las sentencias de los jueces debieran pasar antes su “test” de “popularidad”, verificando si estarán o no acordes con la ideología oficial[ii].

Ya es demasiado, agota, cansa, satura, rebosa la mente escuchar una y otra vez expresiones odiosas, rencorosas y revanchistas, en cada discurso oficial, en cada acto, en todo momento en que aparezca algún funcionario del Gobierno nacional, sea la Presidente, sus funcionarios o sus adeptos, todos “adictos”: siempre la condena, la revancha, el desprecio… slogans que a su vez son repetidos mediante una obsecuencia repugnante, por los miles de “militantes” de la causa “nacional y popular”, que seguidamente saturarán las redes sociales con esos slogans. El fanatismo es tal, que se llega al punto que se esconden mega robos faraónicos (vr. gr. la causa Boudou) bajo los destellos artificiales que propagan las luces propagandísticas del “Proyecto”; e inmediatamente se calificará o tildará de golpista, vendepatrias, saqueadores, a cualquier valiente que se atreva a denunciar tales bochornos.

La soberbia oficial es repugnante. La ironía, el menosprecio y el vapuleo contra todo aquel que piensa diferente, desde el trono de la autosuficiencia de la Presidente, han llevado al hartazgo ya a miles de argentinos “trabajadores” que día a día se ven acechados por la inseguridad, la inflación, entre otros males. Los cacerolazos del 2012 son muestra clara de ello.

¿Cómo es posible que a personas como “mi madre” se la tilde de golpista o genocida,  por el simple hecho de expresarse libremente en la calle? ¿Desde cuándo las plazas y las calles son únicamente de los mercenarios “camporistas” (entiéndase intelectuales de Puerto Madero que manipulan dirigentes barriales bajo la remera del “Che” o de “Néstor”)? ¿A caso reclamar seguridad y estabilidad convierten a una mujer como ella, que viene laburando durante más de 30 años más de 10 horas por día, casi los 12 meses del año, en ese monstruo burgués del que tanto hablan? ¿Denunciar la corrupción escandalosa, la inseguridad diaria, la inflación que ya se hace insoportable, o los demás dramas que nos agobian, convierten al ciudadano en un “genocida de la dictadura”? A ese razonamiento no puede calificárselo como menos que delirante, casi esquizofrénico. Y más rechazo produce cuando ese tilde viene de la boca de mediocres periodistas, rentados y pagados con fondos públicos (léase “6, 7 y 8”, entre otros programas mercenarios).

A su vez, ese odio manado desde el Gobierno, no lo podemos negar tampoco, se transforma en un, podemos decir, “contra-odio” por parte de las clases que hoy se ven verdaderamente oprimidas por el mismo, entiéndase en esto, la clase media trabajadora, esa que suda, no descansa, trabaja y pone el hombro día a día, y banca y sostiene el país con sus impuestos y aportes.

Por ello es lamentable ver señoras elegantes y, supuestamente, cultas e instruidas, despotricando contra los “negros”. Esos “negros”, en muchos casos, son verdaderos excluidos, personas sin oportunidad, a los cuales corresponde insertar en nuestra sociedad que por años los ha marginado y golpeado. Pero claro, el odio oficial genera un odio igual de repudiable en esas clases que en muchos casos, no pueden soportar que otros progresen o vivan mejor.

Se han generado bandos ya irreconciliables. No existe solidaridad ni armonía entre ellos: el excluido, alimentado por el discurso “camporista”, odia, desprecia, y hasta quiere ver en el suelo, al rico, o peor aún, al que simplemente se encuentra mejor que él; mientras que el bien posicionado, incluso el de la simple clase media, no ve en los pobres y excluidos más que parásitos que amohosan la sociedad.

Odio, contra odio, no lleva a ningún puerto seguro. Pero lo peor es cuando ese sentimiento es hidratado desde el Estado, manipulando gravemente herramientas tales como la Cadena nacional, el canal Oficial, o el “fútbol para todos”.

Y para el odio no hay peor cosa que la soberbia de quien lo propina. La soberbia es el mejor alimento para el “rencor”, y la peor enemiga de la “reconciliación”. Pues si algo es necesario para que reine el amor y la solidaridad, es la “humildad”, sobretodo de quien conduce, adjetivos muy ajenos a los que muestra la Presidente.

Se me vienen en este punto a la cabeza, una serie de párrafos del General Perón: Gobernar no es mandar… Mandar es obligar, gobernar es persuadir. Y al hombre es mejor persuadirlo que obligarlo. Esa es nuestra tarea: ir persuadiendo a todos los argentinos para que comencemos a patear todos para el mismo arco… (Mensaje a los Gobernadores de Provincia, pronunciado el 02-08-1973, Olivos).

No hay que ser muy iluminado para notar la inyección de rabia, rencor y odio que se pretende (y se logra) aplicar cada domingo durante la transmisión de cada partido de fútbol.

Este escenario nos hace retroceder más de 30 años. La cura de heridas que se pregona no es más que la reapertura de las mismas.

Cómo es posible que se niegue rotundamente que hoy en día la inseguridad se lleva vidas, se lleva la libertad, y cuando menos, el patrimonio de miles de trabajadores que tardaron años de sudor en lograr su ahorro, su casa, su vehículo, sus herramientas de trabajo, y que hoy están al acecho de delincuentes que no ven más que el camino liberado para sus crímenes, frente a su impunidad garantizada mediante fabulosas teorías garantistas, siendo Zaffaroni su máxime insigne: “¡Oh Eugenio! Prócer de los malhechores, garante de los malvivientes, custodio de los delincuentes”. La inseguridad es burdamente callada por el Gobierno, y quien se atreve a denunciarla, bueno, ya saben… será un golpista, facho, nazi…

El Ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, y también de Cristina en sus primeros años, Alberto Fernández, ha dicho claramente Siempre la impunidad produce desazón. La misma desazón que genera ver salir de la cárcel para su solaz al "pibito" (así lo trata la Presidenta) que diez días antes había sido condenado por haber matado a la madre de sus hijos quemándola viva. La misma desesperanza que provoca escuchar el elogio a los "barrabravas" que en sus disputas se llevaron la vida de tantos argentinos. El mismo resquemor que se siente cuando de la boca presidencial emanan "escraches" a personas que sólo expresan su disidencia. El mismo desaliento que causa advertir que desde el mismo gobierno que niega la inflación, se afirma que en nuestro país una persona puede vivir gastando tan sólo seis pesos diarios. La misma impotencia que provoca ver la indiferencia gubernamental ante un prolongadísimo paro de subtes que privó de transporte a cientos de miles de personas que a diario se movilizan sólo para trabajar. El mismo malestar que asoma cuando se desfinancia un banco público con el sólo propósito de dañarlo. Nada desanima más a un pueblo que descubrir que el poder se ha encerrado en sus lógicas tratando de hacer prevalecer un relato que poco o nada se concilia con la realidad (La Nación, 18-08-2012).

Paz, reconciliación y solidaridad: valores que urgen

Por lo tanto urge pregonar la paz y la reconciliación, la solidaridad y la comprensión. Debemos construir una Argentina verdaderamente justa, pero en la que el progreso de unos no signifique la mutilación de otros. Es necesario que cada sector social vea en el otro un hermano, otro argentino del que necesita, al que debe amar y ayudar. Para ello es fundamental poner un freno a tanto rencor y tanta bronca. Los mejor posicionados deben colaborar y sostener un sistema económico que permita el progreso de todos, sobretodo de los más necesitados y más excluidos; deben tomar conciencia de su responsabilidad, no pueden seguir existiendo niños que sufren, niños abandonados y desnutridos. Aquí podemos citar las palabras bíblicas: Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios… (1 Jn, 3, 11-20).

Como lo han dicho los Obispos: Recordamos, una vez más, que este servicio al bien común requiere una dedicación generosa a promover la dignidad de nuestros hermanos más pobres en su vida personal y familiar, para que sean protagonistas de su propio desarrollo integral. La educación y el trabajo siguen siendo los instrumentos que les permiten a las personas y a las comunidades ser artífices de su propio destino (ídem).

Claro lo dicho, hay que saber también que ese progreso se debe lograr, a su vez, generando en esos sectores carenciados la cultura del trabajo y el esfuerzo, los que son correlativos con la dignidad humana de cada persona. No es posible crecer en una cultura que entiende que es deber de los pudientes mantener siempre a los necesitados. Vivir de la dádiva y del “regalo” hace indigno a quien así vive, mientras que lo hace esclavo de un régimen político que lo usa y se aprovecha de él. Al punto que uno observa que para muchos se hace “necesario” que existan por siempre los pobres, pues es sobre ellos sobre quienes recaerán las promesas eternas de “justicia social”, asegurando allí el voto cautivo de sectores que serán “eternamente” postergados, pues las soluciones reales jamás llegarán.

La solidaridad es esencial y fundamental que sea lograda, de lo contrario viviremos por muchos años más sometidos al clima de tensión y disputa permanente.

Aspecto espiritual: El olvido de Dios

Terminando con estas humildes reflexiones abordaré ahora la cuestión espiritual. La Argentina de hoy, al igual que gran parte del mundo, ayudada por la cultura atea y secularizada, promovida por los medios de comunicación, y aún desde importantes sectores del oficialismo, ha caído en un olvido tremendo de Dios; vivimos en una sociedad no sólo al margen, sino embarcada en una balsa contraria al plan del creador, y en tal sentido, estimo, esa es la principal causa por la cual se explican los tremendos crímenes que se ven día a día: masacres, violencia de género, en el deporte, violación y asesinato de menores de edad, secuestros, trata de personas, prostitución, violencia adolescente en escuelas, boliches, etc. El avance de la cultura de la muerte, que intenta imponer el aborto legal, la eutanasia, o deformar y atacar la “familia”, son una muestra de cómo el “mal” va tomando posesión de nuestro pueblo. Las aprobaciones de las uniones homosexuales, equiparándolas al “matrimonio”, son un desconocimiento del orden natural que rige al hombre, y otro atentado contra la “familia natural”.

No se puede ser tan ingenuos, y reducir a un simple problema de “inseguridad o delincuencia”,  los tremendos y horrorosos crímenes que se ven todos los días (y que no los inventa Clarín…). No es posible explicar, sino es desde una visión amplia y sobrenatural, las cantidades de crímenes morbosos que se están viendo. Sólo tomando conciencia de la existencia del “mal”, se pueden entender tales situaciones.

Evidentemente la renuncia a Dios lleva al hombre a su perdición. Es necesario volver a Él, confiarnos a Jesucristo, el Salvador, Señor de todo lo creado. Sólo Él nos puede llevar a un mundo de paz y de amor, créanme, pero no existe otro camino. Como dice san Juan: Así Dios nos manifestó su amor: envió a su hijo único al mundo, para que tuviéramos vida por medio de él… (1 Jn, 4, 7-10).

El Beato Juan Pablo II solía referirse a que en la modernidad existe un “eclipse” de Dios y del hombre. Sin Dios la creatura de desvanece, su dignidad se degrada, y se cae en un materialismo práctico, por eso hoy tenemos una sociedad individualista, hedonista y utilitarista, gobernada por el secularismo[iii].

Actualmente la persona (toda persona) no vale en sí misma, no vale por lo que “es” (imagen y semejanza de Dios), sino por lo que tiene o posee, o (peor aún) por lo que aparenta, o por su utilidad. Por eso los débiles, ya sean los no nacidos, los enfermos, los moribundos, o los que no son útiles y se transforman en una carga, son sencillamente “eliminados” (aborto, eutanasia, anticonceptivos, etc.). El sufrimiento y el dolor, no tienen sentido, no son vistos como medios o caminos de realización personal o santificación.

Por ello es fundamental que los creyentes, principalmente los cristianos y católicos, tomemos conciencia de nuestro deber, y veamos los “signos de los tiempos”, que nos reclaman acción. El “Año de la fe”, inaugurado por el Papa Benedicto XVI[iv] es la ocasión propicia para asumir ese compromiso. La “caridad” sólo se realiza frente al otro, al prójimo, y ese prójimo lo es hoy la sociedad enferma de tanto desorden político, social, económico y moral.

Veamos en qué podemos poner nuestro grano de arena, en procura del bien común.

¡Qué Dios nos bendiga en este nuevo año que comienza, a todos los argentinos! ¡María, madre de Luján, ruega por nuestra Patria!

 



[i] En él se puede leer: A casi treinta años de la democracia, los argentinos corremos el peligro de dividirnos nuevamente en bandos irreconciliables. Se extiende el temor a que se acentúen estas divisiones y se ejerzan presiones que inhiban la libre expresión y la participación de todos en la vida cívica (104ª Asamblea Plenaria, “Reflexiones de los obispos al acercarnos a la Navidad”, 29-11-2012).

[ii]  Véase Editorial El Poder Judicial y la defensa del ciudadano, La Nación 09-01-2013 o la nota Ley de medios, Bonafini sube el tono de sus amenazas a la Corte, del 05-05-2013.

[iii][iii] Recomiendo el libro De la persona a la aldea global. De la mano de Juan Pablo II y Benedicto XVI, del Padre Mariano Fazzio (Ed. Logos, Rosario, Argentina, 2009).

[iv][iv][iv] Sugiero lectura de la Carta Porta Fidei.


Tags: cristina, la campora, inseguridad, inflacion, kirchnerismo

Publicado por GEGM_81 @ 14:35  | politica
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Publicado por Emilse Gaitano
Mi?rcoles, 22 de mayo de 2013 | 14:32

Exelente tu artículo Germán,felicitaciones! Coincido plenamente con tus conceptos sobre la situación de enfrentamiento a la que este gobierno nos ha ido llevando.Cariños.