Domingo, 23 de diciembre de 2012

Domingo 23 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa de La Nacion


Editorial I



Las lamentables escenas de saqueos y los llamados a la violencia física y verbal deben ser desterrados definitivamente en busca de la verdadera reconciliación
Comentá53
En las últimas horas, el país ha vivido hechos de suma tensión que, por conocidos, no deben dejar de preocuparnos. Hubo saqueos, ataques a comercios y enfrentamientos entre vecinos, seguramente promovidos por organizaciones que encuentran en la extorsión y la violencia su modo de vida

Las dolorosas imágenes transmitidas por la prensa hicieron recordar la profunda crisis de fines de 2001, cuando casi 40 personas murieron en enfrentamientos en varias ciudades del país. En esta oportunidad se registraron dos muertes en la provincia de Santa Fe, mientras decenas de ciudadanos resultaron con diversas heridas como consecuencia de la lluvia de piedras arrojadas durante el desarrollo de hechos vandálicos principalmente en el Gran Rosario, en Bariloche y en Campana, en la provincia de Buenos Aires.

El gobierno nacional, que hace muy poco había anunciado su decisión de no volver a enviar gendarmes a los conflictos sociales, se vio en la obligación de desandar sus pasos para evitar que un posible efecto contagio desmadrara aún más la situación.

Se han barajado variadas hipótesis de por qué este tipo de manifestaciones se producen en cercanías de las fiestas de fin de año. Una de ellas es la mayor sensibilidad que provoca la Navidad, especialmente en sectores postergados económica y socialmente. Sin ánimo de justificar ningún accionar violento, es necesario reflexionar sobre este punto. La maquinaria de exitismo propagandístico del actual gobierno no ha podido ocultar lo inocultable: hay mucha gente sin empleo, con niveles de vida sumamente precarios y pocas expectativas de salir adelante.

El Estado ha preferido incrementar su política clientelista con un festival de subsidios, en desmedro del trabajo seguro y registrado. Nada hay más desalentador para el empleo en blanco que las dádivas indiscriminadas e, incluso, superpuestas. A eso hay que agregar la negación de la galopante inflación por parte de las autoridades, cuyo efecto negativo siempre es mayor entre quienes ganan menos.

La Navidad vuelve a encontrar al país en un momento crítico. A los padeceres económicos de numerosas familias hay que sumar el error de las autoridades de haber exacerbado casi al límite el odio entre clases sociales. Se ha invitado a ejercer el resentimiento quizá como pocas veces antes en nuestra historia política y social. Ser de clase media y alta es para el relato oficial poco menos que ser golpista; pensar distinto no merece la más mínima consideración. O se está con el Gobierno o se está en contra de la democracia. El diálogo desapareció.

Desde el poder se alienta el mantenimiento constante de los conflictos: hoy es un grupo periodístico; ayer fueron las Fuerzas Armadas o las empresas privatizadas; pareciera que ahora vuelve a serlo el campo. La presidenta de la Nación parece desconocer la fuerza del lenguaje: ella dio el ejemplo al proclamar el "vamos por todo"; hoy, los vándalos también parecen creer que pueden ir por todo.

Los sucesivos gobiernos kirchneristas sólo han registrado y defendido la parte de la historia funcional a sus intereses. Se persigue justamente a quienes cometieron crímenes atroces durante la última dictadura, pero poco o nada se dice ni se alientan investigaciones respecto de las responsabilidades de la violencia subversiva. La parcialidad de esa mirada no puede derivar en otra cosa que no sea más rencor, revanchismo y, en definitiva, odio.

Es curioso, pero año tras año, desde estas columnas y para estas fechas, hemos reflejado casi siempre los mismos problemas y apelado a superarlos definitivamente dejando atrás la historia de desencuentros y fracasos que hemos venido padeciendo desde hace varias décadas.

No por reiterado dejaremos de hacerlo una vez más. Está visto que transitar por ese camino no nos resulta fácil.

En esta Navidad, una vez más, apelamos a la reconciliación verdadera y amplia, a la paz para curar las heridas, al cumplimiento irrestricto de las leyes. El voto popular -insistimos- no es un cheque en blanco para que los oficialismos de turno gobiernen como quieran, sin escuchar las necesidades de quienes no los votaron y, muy especialmente, las de quienes, habiéndoles entregado el voto, hoy tienen muchas cosas por las cuales seguir reclamando.

No podemos darnos por vencidos. No debemos dejar pasar una nueva oportunidad para unirnos más allá del núcleo familiar. Si el Estado ha renegado y hasta despreciado su rol de garante de nuestro bienestar, debemos hacérselo saber. Pero sin violencia ni gestos destemplados. Urge rescatar el diálogo, la paciencia y el respeto por el que piensa diferente.

Que esta Navidad nos encuentre con el corazón abierto para perdonar y pedir perdón. Que el brindis de mañana a la noche sea un voto de confianza en nosotros mismos para mirar hacia el futuro con la esperanza de saber que, si queremos, podemos volver a ser la gran nación que fuimos.

Nadie dice que será sencillo, pero vale la pena trabajar para lograrlo..


Tags: gobierno, cristina, saqueos

Publicado por GEGM_81 @ 23:03  | politica
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