Jueves, 19 de enero de 2012

Por Germán Grosso Molina


 

Con esta nota inauguramos una nueva sección en el blog, además de retomar la escritura, ya que hace mucho que no me pongo a escribir. En esta sección, que vamos a denominar "vida cotidiana", nos vamos a distender un poco, ya que vamos a dejar de hablar de temas políticos, sociales, etc., y nos vamos a dedicar a la cosas diarias, a lo cotidiano, a lo simple de la vida, reflexionando sobre ellas y sacando algunas conclusiones, poniendo además algún toquecito de humor para divertirnos un poco.

Espero que les agrade la idea y me sigan, comentando, agregando algo, etc.

Sobre lo primero que vamos a hablar en este "flamante" nuevo bloque, es sobre las “cámaras digitales”. Me lleva a esta reflexión el hecho de que acabo de llegar de unas magníficas vacaciones familiares, oportunidad en la cual pude acceder a mi "cámara digital", la que hace varios años se me venía escapando una y otra vez, por lo que en diversas oportunidades tales como cumpleaños, reuniones familiares, etc., debía acudir a cámaras prestadas o celulares, que para el caso hoy por hoy cumplen muchas funciones, por lo que a veces me pregunto si deberíamos seguir llamando "celular" a un aparato que hace de todo, y a veces para lo que menos se usa es para llamar por teléfono.

Desde ya adelanto que esta nota no se propone hacer una crítica respecto de las cámaras digitales, lo que para mí, al igual que el resto de la tecnología con la que contamos hoy en día, es fabuloso y sumamente útil. Pero haré hincapié en el uso que hace mucha gente de ellas.

Para eso es necesario que recuerde que en mi niñez, adolescencia, e inicios de mi adultez, contábamos con las tradicionales cámaras a "rollo", las que no proporcionaban imagen "previa", mucho menos de la foto tomada, y para el caso, una vez agotados los famosos rollos de 12, 24, o 36, era necesario acudir al estudio fotográfico, encargar el revelado, esperar un par de días (en épocas pico -vacaciones, etc. - tal vez semanas) para recién contar con nuestras imágenes. Ahí uno se enteraba que en una foto nos habían tomado solamente pies, nos cortaban la cabeza, teníamos los ojos cerrados, se nos caía alguna saliva (¿por qué no?), a lo mejor un dedo indiscreto en alguna nariz, o en alguna otra zona pudorosa, una persona indeseable se atravesaba en el momento justo de la pose, abarcando por ello el primer plano, y mandando al olvido ese sumo y esperado instante: el soplado de las velas, un atardecer, un vals, etc. En varios casamientos se han descubierto tíos degenerados, colocando su mano sobre alguna zona curvilínea de alguna pobre e inocente jovencita, durante el curso del clásico trencito.

Además, debíamos ahorrar y administrar perfectamente esas 12, 24 o 36 fotos; pues había que distribuirlas con previsión, habilidad y destreza. Por eso, era sumamente útil, por ejemplo, que en un cumpleaños no falte nadie alrededor del dueño del santo en el  momento sacrosanto del soplado de la vela; en un viaje, era bueno que en una misma toma salgan los miembros de la familia, el Porche 911 que pasaba por ahí, el sombrero ridículo del papá, los lentes horripilantes de la mamá, el globo del nene, el atardecer, el cartel con el nombre de la ciudad, y si era posible algún reloj que indicara la hora. Claro, había que economizar. En los viajes ocurría también que uno no sabía, al terminar los días de vacaciones, si en la vuelta se encontraría con alguna sorpresa inesperada, entonces, se guardaban 2 o 3 fotos por las dudas, las que muchas veces se usaban para retratar alguna monicacada de algún integrante del clan, al llegar a casa sin haber encontrado nada interesante en el regreso.

Como era común ver ojos cerrados, bocas abiertas, fotos movidas, escotes abiertos, etc., algunos sabios previsores y prudentes, mañosos ya en el arte de sacar fotos familiares, en momentos de suma importancia (un atardecer de una luna de miel, la foto de todo el curso a fin de año, o el clásico "soplado de la vela", etc.), hacían tomar dos fotos, por las dudas. De hecho, muchas veces sucedía que quien tomaba la foto, retrataba la mitad de su dedo índice, al colocarlo inconscientemente (o a veces con malicia) sobre la lente, lo que daba lugar a inmensas cantidades de insultos por parte de los interesados, sobre todo cuando el buen hombre, era un pobre infeliz que pasaba caminando por la rambla de Mar del Plata, por ejemplo. Con lo cual, muchas veces se veía, al pasar las páginas de un álbum de fotos, varios dedos atravesados, pero además, muchas fotos repetidas, lo cual, era aburridísimo.

Sacar el rollo para su revelado, era todo una historia, ya que existía el riesgo de que se "velen". Muchas técnicas se empleaban para evitar ese tipo de infortunios, una de ellas consistía en apagar todas las luces de una habitación, la que debía quedar totalmente a oscuras, y cuidadosamente, retirar el rollo. Otra, mas arriesgada, era introducir la cámara en una remera oscura, o algún buzo. Ésta última ara más arriesgada, pero por lo menos uno no perdía la visión.

Bien, hasta aquí, algunas consideraciones generales de lo que eran las épocas de los "rollos".

Con  el advenimiento de las cámaras digitales, todo eso cambió para siempre. Un pequeño salto para el hombre, pero un gran salto para la humanidad. Quien toma la foto, puede ahora contar con la vista previa, y de ese modo regular el enfoque, la luz, etc. (ocurre en realidad, calculo yo, que sólo el 15% de los usuarios hacen correcta aplicaciones de estas maravillosas funciones que ofrecen estos novedosos aparatos, pero omitamos entrar en este tipo de reflexiones). Una vez tomado el retrato, se cuenta con la imagen instantáneamente, con lo cual se pueden verificar ojos cerrados, bocas abiertas, personas indeseables, braguetas bajas, dedos en forma de cuernos sobre alguna cabeza, etc. y se puede corregir inmediatamente el error (salvo que en el caso del los famosos y célebres cuernitos, el fotógrafo entre en complicidad con el autor del chiste).

Con estas nuevas maquinarias, tampoco se debe entrar en el pánico del ahorro ante aquel cruel temor de que “el rollo con alcance”, ni en la meticulosa administración de las fotos, pues ahora éstas pueden ser enormes (según la capacidad de la memoria de cada cámara), siendo que además, mediante el gran USB, se pueden descargar rápidamente en alguna notebook, netbook, celular, etc., y la cuenta, comenzará otra vez. Y si bien esos grandes dramas que padecíamos anteriormente han quedado atrás para siempre, desde mi punto de vista, hemos caído en uno nuevo: el excesivo, desmedido, exagerado, desmesurado y desorbitado, número de fotos que ofrecen estos aparatitos.

Claro, antes, por ejemplo, para un cumpleaños ordinario, se calculaba un rollo de 12, los más pitucos, 24. Un cumpleaños fuera de lo común (18 años los varones, 21, 30, 40, 80, etc.) le pongamos, uno de 24 o 36. Unas vacaciones comunes 24 o 36, ya unas en Miami o el Caribe, 2 rollos de 36. Un viaje a Europa, supongamos 3 o 4 rollos de 36. Una fiesta escolar del nene de 4 o 5 años, uno de 12, para una mamá demasiado figuretti, 24. Y así, podríamos seguir ejemplificando.

Hoy por hoy, un cumpleaños común, no abarca menos de 200 fotos; unas vacaciones comunes, 400 o 500. Ni hablar un viaje al exterior, 2000!!! Un nacimiento, bautismo, etc. Miles de miles.

A estas fotos, le sumemos las de cada celular de cada miembro de la familia, y amigos. Se entra en un estado que de pánico, de esquizofrenia por la fotografía: todo el mundo quiere retratar, todos, todos. Del bautismo de mi hija, creo haber juntado más de 2000 fotos.

La situación ya está fuera de control. A eso, le sumemos la desesperación de la gente por subir cada toma al facebook, en tiempo real, mediante el BlackBerry (esto merece una nota a parte).

Ocurre, que la gente ya no economiza, ni administra, ni toma los recaudos previos a cada foto. Simplemente: clik, clik, clik. De allí que muchas veces, si uno uniera todas las tomas obtenidas en diversos momentos de un evento (supongamos, el clásico soplado de la vela), y las integrara en una secuencia animada, podría muchas veces reproducirse en forma de video aquel momento. De ahí que se hace aburridísimo, sumamente tedioso, pesado y monótono, ver un álbum de fotografías digitales, mas que nada cuando han sido sacadas (debo decirlo, aunque me tilden de machista, y de ahí facho, y todo eso) por mujeres (es la verdad, que quieren que les diga). Convengamos, no me lo nieguen, que es así.

Charlar con un amigo, o peor aún, con una amiga, sobre sus vacaciones, y llegar al momento del “Aquí tengo las fotos de Villa Gesell, mirá que lindas” es un momento sumamente complicado y comprometedor. Claro, uno tiene que ver 255 fotos del viaje de ida en el auto, con sonrisas, payasadas y todo tipo de monicacadas de cada uno de los viajeros que, por no tener otra cosa que hacer, se decidieron a retratar sus gestos y habilidades con los músculos de su cara, durante todo el camino. Luego, vienen las 180 fotos de la cabaña u hotel de destino. Seguidamente, 266 fotos de la habitación. Luego vendrán, 366 de un bosque, 288 de distintas cenas, 155 en boliches, 590 en el río, 319 de la ciudad, etc. Etc.

Ahí viene la etapa en la que uno debe mostrar gestos de interés, hacer algún comentario de las 85 morisquetas que hizo algún miembro del clan, y seguir pasando, y pasando, y pasando, y el álbum que no termina más, y siguen, y siguen…

En fiestas de cumpleaños se dan situaciones como ésta: se ve al dueño del santo con la tía Mabel, luego con la tía Mabel y el tío Juan. Luego esa misma escena, pero al tío Juan se le dio por poner pose de Sandro, luego a la tía Mabel se le da por poner cara de Shakira. Seguidamente al tío Juan y la tía Mabel, se sumará la prima Andrea, que tiene 15 años y está en la edad del pavo total. La prima hará borrar cada una de las fotos que el pobre tomador irá sacando, porque en una se le ve la panza, en otra se ve narigona, en la otra, se le ven los dientes, en la otra, las orejas grandes, finalmente en la que quedó conforme, resulta que el tío Juan se fue a tomar un vino, entonces, salió sola con la tía Mabel. De manera que habrá que llamar al tío Juan, para que puedan salir los 4, siendo muy probable que al tío Juan se sume ahora el tío Jorge que estaba haciendo el asado, y tal vez también se haga sacar una foto haciendo pose de Sandro o Sergio Denis. Conclusión: 55 fotos para ver en todas lo mismo, al tío Juan (menos en la que se fue a tomar el vino), la tía Mabel, etc. (sin contar, claro está, las que hizo borrar la prima Andrea, que están en la edad del pavo…).

A esa escena sumemos que la tía Dora (que es solterona y no hace otra cosa más que sacar fotos y hablar mal de la gente que conoce), mientras está justamente hablando de una nueva historia de cuernos que conoce, logra pispear, con esa habilidad que solo las solteronas tienen, que en el lugar está a punto de sacarse una fotografía. Sus instintos se lo comunican inmediatamente. Entonces, luego de que se haya sacado la 55° foto de las que le hable, se escuchará a la tía gritar -¡Quedensé quietos, que les saco una foto para mí! Luego de que logre hacer llegar sus 99 kg. al lugar, comenzará con el intento de encender su máquina, y hasta que esta funcione, luego de activarle sin querer el modo "video", podrá recién disponerse a sacar la foto. Mientras tanto, durante esos 25 minutos, los posantes deberán mantener su sonrisa tiesa, hasta que la tía los retrate. Y una vez finalizado el ritual, ya creyendo que todo ha terminado, se escuchará a la tía decir -¡Esperen! ¡Ahora vení vos Jorge, y ponete como Sergio Denis que me encanta como te sale! ¡Vení che! Mientras el dueño del cumple se interroga por dentro ¿como hizo para ver, desde la otra punta de la reunión, que el tío Jorge posó una vez más como Segio Denis?..

Ocurre también que muchas veces, la gente se acostumbra a esto, lo asocia, lo asimila a su ser, y ya es parte de su naturaleza. Entonces, sabiendo ya inconscientemente (digo, sin mayores reflexiones sobre el caso) que habrán 855 fotos del evento, no presta atención a los distintos momentos del mismo, ya que, suponen, habrá fotos sobre ellos y no hay de qué preocuparse. Así, sucede que por ejemplo en un bautismo, habrán 255 fotos de todas las tías, abuelas y primos al lado de la imagen de la Virgen de Luján, pero no habrá una sola del momento en que el sacerdote vierte el agua sobre el niño. Digo, si estamos en un bautismo, lo lógico y razonable, es que ese instante exacto del agua sobre la cabeza del niño quede guardado para siempre, y no tanto así, las poses de las tías al lado de la Virgen. Creo que que el ejemplo es gráfico, o ¿no?

No se toman los recaudos mínimos indispensables. Yo, debo decir, no sé absolutamente nada del arte de la fotografía. Pero el sentido común me dice que, si estamos frente al Teatro Colón, lo mejor sería que posemos de manera que mediante la fotografía se pueda observar que estuvimos ahí, en ese maravilloso monumento a la cultura y el arte nacional, y no que salgamos sonrientes, al lado de un poste, en el que cuelgue un cartel que diga prohibido estacionar, se aprecien los tristes papeles de basura que abundan en las calles porteñas, con un fabuloso Fiat 128 detrás. ¿Me explico?

Ni hablar de los cholulos o figuretis. Si algo ha hecho feliz a esa gente, son las cámaras digitales. Son los típicios que, con esa habilidad semejante a la de la tía Dora, no sé como hacen, pero están siempre ahí, en ese momento en que a cada uno se le ocurre tomar su foto, y desde donde estén gritan y se imponen -¡Esperá que falto yo, no la saqués, no la saqués! (amenazando, haciendo ver que recaerán graves consecuencias sobre aquel, si no lo espera a que se ubique en la escena). De más está decir que suelen ser muejeres las que realizan este tipo de actos. En el caso de los hombres, debo decir que resultan sumamente desagradables.

Claro, el problema es que la ser ilimitada la cantidad de fotografías que se pueden sacar, muchos se desatan de sus frenos inhibitorios, sobre todo después de unas copas de más, y dan rienda suelta a la payasada. Por eso es común ver en los casamientos, después del vals y esas cosas, tipos con la corbara en la cabeza tomando a su pareja y posando como Jhon Travolta, o tomando una botella de Champagne y fingiendo ser Elvis Presley, utilizando a ésta de mircófono, mientras la espuma cae sobre sus camisas. Esas fotos depués dan que hablar, no sólo en el cículo íntimo de los bufones, sino que, recordemos que en la era de Facebook, en pocas horas ya todos sabrán del espectáculo que dió aquel fulano en el casamiento de su hermana.

He notado también que mucha gente no se ha anoticiado de la existencia del "zoom", u otras veces, de la potencia del mismo. Es así que es frecuente ver actos de fin de año, en donde se logra divisar a la distancia un escenario, en donde al parecer hay niños sobre él, representando alguna obra de teatro, en donde no se logra distinguir si los mismos están vestidos de ñomos o son simplemente mazetas que adornan la escena, que se confunden con los niños. Muchas madres babosas, se empeñan retratando cada momento de la obra, y uno luego sólo puede ver una serie indefinida de ñomos o mazetas, haciendo siempre lo mismo...

También ha surgido un nuevo problema: el almacenamiento. Resulta que mucha gente hoy por hoy se dedica sacar fotos y fotos, de todo y cada cosa que ocurre. Es así, que si no se es muy ordenado, la carpeta de mis documentos de las computadoras serán un solo mar de imágenes digitales, en donde se mezclaran sin dificultad primeras comuniones, casamientos, vacaciones, asados, vidrieras, soplados de vela, costillas de asado a la parrilla, flores, etc. Y vaya uno a encontrar, en ese tipo de computadoras, la célebre foto de aquel momento sagrado en la que nos entregaron alguna medalla, un diploma, reunimos a todo el grupo de amigos, etc. Encontrarla, será más difícil que hallar una aguja en un pajar (sí ya sé, pero no tengo ganas de buscar un ejemplo que no sea ese, además, convengamos, es bastante ilustrativo del asunto).

Habrán diálogos como éste: Mamá, ¿donde está la foto que me saque con los chicos de la escuela primaria el otro día en la juntada? – En la computadora querido… - Sí, lo sé, pero ¿Dónde? Y los signos de pregunta se multiplicarán. –Creí haberla visto el otro día, está guardada… o ¿la habré visto en facebook? Algún amigo tuyo te etiquetó, no sé, ahora que lo pienso, si vos llevaste la cámara ese día… Así, luego de una ardua investigación, con idas y venidas, deducciones y refutaciones, llegarán a la conclusión de que ese día tal vez, no llevó el chico la cámara al encuentro, y comenzarán a interrogarse entonces si esa famosa foto que ambos recuerdan haber visto, y por ende, que existe en el mundo, la obtuvo con su celular, o simplemente la vio en el facebook de algún amigo. Analizando esta última hipótesis, no quedará otra que ingresar al face, e ir a revisar en las fotos en las que el interesado ha sido etiquetado. Y allí verificará, y tomará conciencia cierta, de la cantidad de fotos de terceras personas en las que aparece y ni siquiera se enteró, y si tiene suerte, tal vez, logra dar con la célebre y buscada foto con los compañeros de la primaria, en el día de la juntada del reencuentro aquella calurosa noche de diciembre.

Es por eso que resulta sumamente necesario ser ordenados con los archivos. Aunque el problema sigue siendo la cantidad.

Como verán, queridos lectores, he querido reflexionar sobre esta realidad. Seamos conscientes, hagamos un uso medido, ponderado, equilibrado y razonable de nuestras fuentes de energía, y utilicemos en su justa medida y para sus verdaderos fines, nuestras cámaras digitales. Joseph Nicéphore Niépce, Louis Daguerre, Arthus Bertrand, Yann, Pepito Pérez, y tantos otros célebres artistas de la fotografías, estarán agradecidos.

Termino con un par de célebres frases de personas que, sinceramente, desconozco por completo, pero me resultaron simpáticas:

La fotografía registra la gama de las sensaciones escritas en la cara humana, la belleza de la tierra y los cielos que el hombre ha heredado y el hombre de la abundancia y de la confusión ha creado (Edward Steichen)

La cámara fotográfica es un instrumento que enseña a gente cómo ver sin una cámara fotográfica (Dorthea Lange)

Hay siempre dos personas en cada cuadro: el fotógrafo y el espectador. (Ansel Adams).

La fotografía es la poesía de la inmovilidad: es a través de la fotografía de ese momento, yo estaba viendo como están (Peter Urmenyi).

Hasta la próxima.


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Tags: fotografias, camaras digitales, German Grosso, GGVidacotidiana

Publicado por GEGM_81 @ 16:06  | vida cotidiana
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Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 13 de marzo de 2012 | 9:29

muy buena nota germán.....y creo que la calidad de las cámaras analógicas....no va a existir!!!!!!