S?bado, 02 de abril de 2011

Ignacio Ibarzabal

Para LA NACION

Martes 08 de febrero de 2011 | Publicado en edici?n impresa
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Zygmunt Bauman, soci?logo polaco de origen jud?o, ha tenido gran ?xito editorial describiendo nuestra sociedad "l?quida". Uno de sus libros, Amor l?quido , captura el mensaje de la posmodernidad sobre las relaciones sexuales. Hoy, los v?nculos son fr?giles, d?biles, casi et?reos.

El amor l?quido es la herencia que nos ha legado la revoluci?n sexual. Y cuando los adultos piensan que los j?venes nadamos placenteramente en sus aguas, a muchos nos ha inundado el inconformismo. Y, de hecho, una reacci?n est? en ciernes.

Durante los ?ltimos a?os han surgido iniciativas de j?venes en todas partes del mundo contra la instrumentalizaci?n de la sexualidad y a favor de su personalizaci?n a partir del amor. El movimiento m?s fuerte se ha dado en los EE.UU. y comenz? en febrero de 2005, en la prestigiosa Universidad de Princeton, con el lanzamiento de The Anscombe Society. Esta sociedad reuni? a un grupo de estudiantes que -tal como relata Ryan T. Anderson, uno de sus fundadores- estaban cansados de la deshumanizante cultura de los campus universitarios y buscaban se?alar una alternativa, una forma m?s excelente de celebrar la sexualidad humana. La noticia circul? r?pidamente por medios como The New York Times y el modelo se replic? vertiginosamente en otros lugares. Hoy contamos grupos id?nticos en m?s de 30 universidades e incluso se ha fundado una nueva organizaci?n, Love and Fidelity Network, dedicada exclusivamente a equipar con recursos y entrenamiento a estos j?venes para que puedan, en ?mbitos hostiles, promover sus ideas. En todo el mundo occidental, incluida la Argentina, est?n surgiendo movimientos similares.

Todos estos j?venes coinciden en una serie de ideas desconocidas hoy para muchos adultos. Piensan que la sexualidad es una dimensi?n humana a celebrar. Ella jam?s debe ser reprimida, pero tampoco puede reducirse sin m?s, a la utilizaci?n del otro como medio de placer. Por eso, la abstinencia adquiere un significado positivo y el matrimonio resalta como acto de libertad fundamental capaz de elevar cualitativamente la capacidad de amar. Estos j?venes -primera generaci?n masiva de hijos de padres divorciados- reivindican la familia como fuente de amor incondicional, sustento del desarrollo saludable de la personalidad y cuna de ciudadanos proactivos y responsables.

La noci?n vital es que la sexualidad es cauce del amor -?cu?ndo fue que lo olvidamos?- y que la primera sin el segundo no colma las aspiraciones del coraz?n humano.

Sin embargo, la novedad radical es que estos grupos no se fundan en argumentos teol?gicos, sino en ciencias humanas. La mayor?a de ellos se animan a desafiar y desarticular con dulces argumentos el discurso dominante en las academias m?s solemnes.

Alg?n observador desatento podr? alegar que esta lectura se contradice con los hechos. Que el imperio del consumismo sexual, la baja en la tasa de nupcialidad y el aumento de los divorcios son pruebas tajantes de que los j?venes son l?quidos .

Y tendr? parcialmente raz?n. Pero olvidar? que los cambios sociales son conquistas de las minor?as creativas y no de mayor?as descre?das. Y estas minor?as juveniles tienen sed de sublevaci?n. Ya no tienen una autoridad familiar contra quien rebelarse, ni siquiera una ?tica sexual de la cual burlarse. Hoy los j?venes s?lo podemos levantarnos contra el libertinaje, la desorientaci?n y el sufrimiento que genera aquello que Erich Fromm llamaba separatidad. ?Dejaremos pasar esta oportunidad?

Estamos en la intersecci?n de dos l?neas. En el presente, que ya es historia, eximios literatos y acad?micos llenan las editoriales con tinta que huele a mayo franc?s y las universidades con lineamientos que imponen esos olores; gobernantes correligionarios traducen al comp?s esas ideas en pol?ticas p?blicas, y una legi?n de periodistas, inspirados por ese halo de uniformidad, creen dar noticia de la novedad mientras comunican el ?ltimo testamento de una revoluci?n que ya huele a naftalina.

Pero mientras el p?blico observa las c?pulas de las universidades, los gobiernos y los medios, en los suburbios de esos ambientes nacen las nuevas ideas y se prepara la contrarreforma. Cuando todos miran asombrados los logros del liberalismo sexual, una liberaci?n m?s atractiva se afinca en el coraz?n de miles de j?venes. Y se afianza, con el tes?n que despierta saberse injustamente censurados por la correcci?n pol?tica.

Lejos de ganar la guerra cultural, la revoluci?n sexual comienza a cerciorarse de que su era lleg? a su fin, y al tiempo que disfruta de las recompensas que le otorgan batallas del pasado, atiende a las derrotas que son la fuente de su desaparici?n futura. Porque los j?venes que ni siquiera hab?amos nacido en los 60 ni en los 70 estamos cansados de que adultos que una vez tuvieron nuestra edad -y lamento agregar, que ahora ya est?n mayores- pongan en nuestras bocas palabras que ya no pueden ser suyas.

As?, mientras Simone de Beauvoir descansa con una sonrisa en su lecho viendo pasar toneladas de noticias y miles de leyes que concretan sus postulados, algunos chicos que hoy se revuelcan en los vientres de sus madres -de esas pocas que los ver?n nacer- anticipan a qui?nes perge?ar?n pol?ticas p?blicas bien diferentes. Y las cultivar?n sobre el abono sembrado por los j?venes de hoy, que con la miel de sus razones ya est?n atrayendo corazones a ser part?cipes de una nueva revoluci?n: la revoluci?n del amor fiel, verdadero, responsable? la revoluci?n del amor s?lido.

El autor es abogado y fundador del Grupo S?lido


Tags: amor, sólido, libertinaje sexual, relativismo

Publicado por GEGM_81 @ 5:22  | inter?s general
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