S?bado, 30 de octubre de 2010

Signados por una ausencia

Kirchner

Por Enrique Valiente Noailles
Para LA NACION

Viernes 29 de octubre de 2010
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Seguramente cada persona siente de manera singular los momentos que vive el pa?s. Hay quienes anteponen una mirada pol?tica a lo humano; hay quienes anteponen lo humano a lo pol?tico. Hay quienes no pueden separar las dos cosas; hay quienes no sienten ninguna de ambas. En estas l?neas, en todo caso, las primeras palabras de una reflexi?n sobre la muerte de N?stor Kirchner son de solidaridad para con la Presidenta. A quien se ve de pie en el velorio, rodeada de gente y con una multitud afuera, pero con el abismo, en medio, de un dolor que s?lo ella conoce. Mucho m?s lejos de este dato crudo y esencial, que habita cercano al silencio, viene cualquier otra consideraci?n. Como lo es que la muerte de Kirchner tiene un impacto profundo y relativamente impensable hoy sobre el pa?s, ya que cierra tantos caminos como los que abre. Todos sabemos e intuimos eso, pero todos desconocemos, por igual, cu?les ser?n. De all? la ansiedad colectiva que est? latente.

En la zona de reflexi?n que nos compete a todos, la l?nea que viene a la mente es aquella de Francisco de Quevedo: "Qu? mudos pasos traes, oh, muerte fr?a, pues con callado pie todo lo igualas". Sin estridencia, sin opini?n, sin juicio de valor, la muerte todo lo iguala. M?s all? del bien y del mal, m?s all? de los m?ritos y dem?ritos, la muerte hace su callado trabajo. Irrumpe en medio del fragor de una vida, ya que las nociones de tarde o temprano no son datos que la gu?en. Simplemente, recuerda que all? est?, muda, implacable, ajena al tiempo y a toda consideraci?n que no sea su propio paso. Si conmoci?n es uno de los t?rminos que mejor describen lo ocurrido, tal vez sea porque hemos podido sentir la s?bita contracci?n de la distancia entre el hombre m?s poderoso del pa?s, que lo desiguala de todos, con el hombre sometido a la muerte, que lo iguala a todos.

En el ?mbito de la reflexi?n sobre el pa?s sobresalen hoy, entre otras posibles, dos cuestiones. La primera es la extra?eza que produce la manera como en estos a?os la Argentina perdi? la capacidad de escucharse, entre sus habitantes y entre sus diferencias. Hoy se encuentra obturada la posibilidad de escucha, y todo lo que se dice es capturado por los extremos. Acaso nos hayamos visto contagiados por la personalidad de Kirchner, afecta a la lectura extrema de las cosas, por la interpretaci?n de la pol?tica como polarizaci?n entre amigos y enemigos. Reverso de lo que necesita hoy el pa?s, que es concebir a la pol?tica como mediadora entre conflictos, no como atizadora de ellos. Esta imposibilidad de matizar, pensar y escuchar representa un decrecimiento de la inteligencia colectiva. El pa?s se ha dogmatizado y babelizado, y queda hoy poco lugar para el equilibrio.

Hemos perdido sensibilidad para lo que no se formula como un extremo. Uno puede se?alar que son m?ritos de Kirchner haber restituido la mentada autoridad presidencial, la decisi?n esencial de renovar la Corte Suprema, el crecimiento econ?mico, sea o no con viento de cola, haber promovido la anulaci?n de las ins?litas leyes de obediencia debida y punto final, o haber sancionado la ley de financiamiento educativo, que llev? la inversi?n en el ?rea del 4 al 6% del PBI en cinco a?os, marca hist?rica entre las m?s altas del mundo, como ha se?alado Cippec; entre otras cosas. Y uno puede se?alar lo inverso en relaci?n con aspectos negativos de su gesti?n, como la irresponsabilidad en la b?squeda estrat?gica de dividir al pa?s, la ausencia de respeto por la divisi?n de poderes, el fuerte ataque a la libertad de expresi?n, los indicios de corrupci?n, el autoritarismo y el clientelismo, el estilo patoteril de los funcionarios, el trucaje de las estad?sticas, el alimentar aparatos y mafias sindicales que carecen de legitimidad popular, por s?lo nombrar algunas cosas. Y si bien ambas enumeraciones pueden ser tan discutibles como ciertas, y podr?an ser engrosadas, cada una de ellas ser? escuchada s?lo por una parte del pa?s y no por otra.

La segunda cuesti?n es que el pa?s sigue creando figuras excluyentes por las que pasa todo el poder. La figura de Kirchner, como eje de la pol?tica argentina, no ha sido ambici?n exclusiva de ?l, sino un lugar que le cedi? el pa?s, incluida la oposici?n. Ese espacio vac?o recae rotativamente en figuras alternativas, y con ello nuestra sociedad alimenta una pol?tica de sesgo redentor, de mitos ?vivientes o muertos?, de personas que se convierten por per?odos en los ?nicos capaces de contener la escena pol?tica. Se sigue tendiendo a investir a determinadas personas de responsabilidades paternales sobre el pueblo. Lo que mueve a las declaraciones que aluden a la orfandad.

Por ello, los pr?ximos tiempos estar?n signados m?s por una ausencia que por una presencia, ya que la Argentina sigue confiando a caracteres individuales, y no a instituciones fuertes, la conducci?n de su destino. Y los gobernantes tienden a creer que han sido elegidos para salvarnos, en consonancia con aquella expectativa. Lo cual lleva a perder de vista la dimensi?n concreta de su tarea, que no tiene que ver con una ?pica iluminada, ni con las convicciones de los cruzados, sino con dise?ar y administrar, con honestidad y probada calidad t?cnica, pol?ticas p?blicas que trasciendan a sus gobiernos y que generen crecimiento con equidad. Por el momento, suena algo ut?pico. Ojal? que no lo sea desear que el ex-presidente descanse en paz, y que el futuro de la Argentina est? tambi?n signado por la paz.

? La Nacion

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Tags: Kirchner, Néstor, Cristina, Muerte

Publicado por GEGM_81 @ 10:13  | politica
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