Mi?rcoles, 06 de octubre de 2010

El Proyecto Nacional

LA FAMILIA Y LA SOCIEDAD

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Pese a los embates de una creciente anarqu?a de los valores esenciales del hombre y de la sociedad que parec? brotar en diferentes partes del mundo, la familia seguir? siendo en la comunidad nacional por la que debemos luchar, el n?cleo primario, la c?lula social b?sica cuya integridad debe ser cuidadosamente resguardada.

Aunque parezca prescindible refirmarlo, el matrimonio es la ?nica base posible de constituci?n y funcionamiento equilibrado y perdurable de la familia.

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La indispensable legalidad conforme a las leyes nacionales no puede convertirse en requisito ?nico de armon?a. Es preciso que nuestros hombres y mujeres emprendan la cons?tituci?n del matrimonio con una insobornable autenticidad, que consiste en comprenderlo no como un mero contrato jur?dico sino como una uni?n de car?cter trascendente.

Si esto es as?, nuestros ciudadanos no deben asumir la responsabilidad del matrimonio si no intuyen en profun?didad su car?cter de misi?n.

Misi?n que no s?lo consiste en prolongar la vida en esta tierra, sino en proyectarse hacia la comunidad en cuyo seno se desenvuelve. Esto implica comprender que, como toda misi?n radicalmente verdadera, supera incesantemente el ?mbito individual para insertar a la familia argentina en una dimensi?n social y espiritual que deber? justificarla ante la historia de nuestra patria.

Tomando en cuenta estos aspectos, es conveniente reafirmar la naturaleza de los v?nculos que deben unir a los miembros de la familia.

La unidad de ideales profundiza al matrimonio, le con?fiere dignidad ?tica, contribuye a robustecer en el hombre y la mujer la forma de conciencia de la gravedad de su misi?n, de su n?tida responsabilidad tanto individual como social, hist?rica y espiritual.

No cabe duda de que no siempre existe la posibilidad de comprender, espont?neamente, lo que he caracterizado como misi?n. No es posible prescindir, por lo tanto, de un adecuado proceso formativo que debe definirse creciente?mente, y cuya finalidad consiste no s?lo en sentar las bases de ?una uni?n verdadera y duradera, sino en gestar en la pareja la comprensi?n radical del sentido ?ltimo del matrimonio. Este sentido, entendido como misi?n, se concentra, ya lo he dicho, en una radical dimensi?n espiritual en su verdadera resonancia hist?rico-social.

Para que la familia argentina desempe?e su rol social necesario, sus integrantes deber?n tener en cuenta algunos principios elementales en sus relaciones. As?, estimo que el v?nculo entre padres e hijos debe regirse sobre la base de la patria potestad, no entendida como un s?mbolo de dominio, sino como un principio de orientaci?n fundado en el amor.

El ni?o necesita de la protecci?n materna para ayudarlo a identificar su funci?n social y para ello es l?gico que los padres deban usar la gravitaci?n natural que tienen sobre sus hijos.

Por ese camino se contribuir? a consolidar la escala de valores que asegurar? para el futuro que de ese ni?o surja el ?ciudadano que necesita nuestra comunidad, en lugar de un sujeto indiferente y ajeno a los problemas de su pa?s.

Es la solidaridad interna del grupo familiar la que ense?a al ni?o que amar es dar, siendo ?se el punto de partida para que el ciudadano aprenda a dar de s? todo lo que sea posible en bien de la comunidad.

En esto, la mujer argentina tiene reservado un papel fundamental. Es ella, con su enorme capacidad de afecto, la que debe continuar asumiendo la enorme responsabilidad de ser el centro an?mico de la familia.

Independientemente de ello, nuestra aspiraci?n permanente ser? que en la sociedad argentina cada familia, tenga derecho a una vida digna, que le asegure todas las presta?ciones vitales. Entonces, habr? que fijar el nivel m?nimo de esas prestaciones para que ninguna familia se encuentre por debajo de ?l en la democracia social que deseamos.

El Estado tiene la obligaci?n especial de adoptar medi?das decisivas de protecci?n de la familia y no puede eludir ese mandato bajo ning?n concepto. Olvidar esa exigencia llevar?a a la comunidad a sembrar dentro de ella las semilla que habr?n de destruirla.

No olvidemos que la familia es, en ?ltima instancia, el tr?nsito espiritual imprescindible entre lo individual y lo? comunitario. Una doble permeabilidad se verifica entre familia y comunidad nacional; por una parte, ?sta inserta sus valores e ideales en el seno familiar; por otra, la familia difunde en la comunidad una corriente de amor que es el fundamento imprescindible de la justicia social.

Quiero realizar, en fin, una invocaci?n sincera a la familia argentina.

Asistimos, en nuestro tiempo, a un desolador proceso: la disoluci?n progresiva de los lazos espirituales entre los hombres. Este catastr?fico fen?meno debe su propulsi?n a la ideolog?a egotista e individualista, seg?n la cual toda reali?zaci?n es posible s?lo como desarrollo interno de una perso?nalidad clausurada y enfrentada con otras en la lucha por el poder y el placer.

Quienes as? piensan s?lo han logrado aislar al hombre del hombre, a la familia de la Naci?n, a la Naci?n del mun?do. Han puesto a unos contra otros en la competencia ambi?ciosa y la guerra absurda.

Todo este proceso se funda en una falacia: la de creer que es posible la realizaci?n individual fuera del ?mbito de la realizaci?n com?n.

Nosotros, los argentinos, debemos comprender que todo miembro ?particular o grupal? de la sociedad que deseamos, lograr? la consecuci?n de sus aspiraciones en la medida en que alcancen tambi?n su plena realizaci?n las posibilidades del conjunto.

No puede concebirse a la familia como un n?cleo desgajado de la comunidad, con fines ajenos y hasta contrarios a los que asume la Naci?n. Ello conduce a la atomizaci?n de un pueblo y al debilitamiento de sus energ?as espirituales, que lo convierten en f?cil presa de quienes lo amenazan con el sometimiento y la humillaci?n. A la luz de lo expuesto, acerca de la familia en la socie?dad, s?lo puede definirse como organizada.

Sabemos, por lo tanto, que la integraci?n del hombre en esa sociedad presupone y concreta esa b?sica armon?a que es principio rector en nuestra doctrina.

Ser?, adem?s, eminentemente nacional y cristiana, to?mando plena conciencia de que su dimensi?n nacional no s?lo no es incompatible con una proyecci?n universalista, sino que constituye un insoslayable requisito previo. r La sociedad que deseamos debe ser celosa de su propia dignidad, y esto s?lo es posible si est? dotada de una pode?rosa resonancia ?tica.

El grado ?tico alcanzado en la sociedad imprime el rum?bo al progreso del pueblo, crea el orden y asegura el uso feliz de la libertad. La diferencia que media entre extraer provechosos resultados de una victoria social o anularla en el desorden, depende de la profundidad del fundamento moral.

La armon?a y la organizaci?n de nuestra comunidad no conspirar?n contra su car?cter din?mico y creativo. Organi?zaci?n no es sin?nimo de cristalizaci?n. La sociedad que nuestro Modelo define no ser? en modo alguno est?tica. Debe movilizarse a trav?s de un proceso permanente y creativo, que implique que la versi?n definitiva de ese Modelo, s?lo puede ser conformado por el cuerpo social en su conjunto.

La autonom?a y madurez de nuestra sociedad deber? evidenciarse, en este caso, en su vocaci?n de autorregulaci?n y actualizaci?n constante. Y no me cabe duda de que los argentinos hemos ya iniciado el camino hacia la madurez social, pues tratamos de definir coincidencias b?sicas, sin las cuales se diluir?a la posibilidad de actualizar nuestra comunidad.

Estas coincidencias sociales b?sicas no excluyen la dis?cusi?n o aun el conflicto. Pero si partimos de una base com?n la discusi?n se encauza por el camino de la raz?n y no de la agresi?n disolvente.

Nuestra sociedad excluye terminantemente la posibilidad de lijar o repetir el pasado, pero debe guardar una relaci?n comprensiva y constructiva con su tradici?n hist?rica, en la medida en que ella encarne valores de vigen?cia permanente emanados del proceso creativo de un pueblo que desde tiempo atr?s persigue denodadamente su iden?tidad.

Es evidente que, en definitiva, los valores y principios que permanecer?n como representativos de nuestro pueblo ser?n asumidos por la sociedad toda o por una mayor?a significativa, relevante y estable, a trav?s de las instituciones republicanas y democr?ticas que seg?n nuestros principios constitucionales rigen y controlan la actividad social.

Por ?ltimo, la libertad y la igualdad, expresadas en nuestra Carta Magna, conservar?n plenamente su car?cter de mandato inapelable y de incesante fuente de reflexi?n para todos los argentinos.

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Bibliograf?a: Juan Domingo Per?n, El Proyecto Nacional, El Cid Editor, Bs. As. 1981.?

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Tags: peron, familia, proyecto nacional, matrimonio, homosexual, kirchner

Publicado por GEGM_81 @ 8:49  | peronismo
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