S?bado, 22 de mayo de 2010

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Juan Manuel de Rosas?

Autor: Felipe Pigna

Juan Manuel de Rosas, el restaurador de las Leyes, el estanciero m?s poderoso de Buenos Aires, y a la vez uno de los gobernadores con m?s consenso en toda la historia de la provincia, naci? en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793. Curs? sus primeros estudios en el colegio privado que dirig?a Francisco Javier Argerich. Pero su vocaci?n no iba para el lado de las letras sino para las tareas rurales.

Durante las invasiones inglesas particip? activamente de la defensa en el regimiento de Migueletes de Caballer?a. Tras la reconquista volvi? al campo. Se mantuvo completamente al margen de los sucesos de la revoluci?n de mayo, de la que dir? a?os m?s tarde: "En los tiempos anteriores a la revoluci?n la subordinaci?n estaba bien puesta, sobraban recursos y hab?a uni?n."

En marzo de 1813 se cas? con Encarnaci?n Ezcurra, quien ser?a su compa?era en la vida y en la pol?tica. Tras el casamiento Rosas devuelve a sus padres los campos que les administraba y decide formar su propia empresa.

En noviembre de 1815 se asoci? con Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego en una compa??a destinada a la explotaci?n ganadera, saladero de pescado y exportaci?n de productos varios en la estancia de "Los Cerrillos".

La direcci?n de sus estancias le dio a Rosas un gran conocimiento sobre la vida y las costumbres de sus peones. "Me propuse adquirir esa influencia a toda costa; para ello fue preciso hacerme gaucho como ellos, protegerlos, hacerme su apoderado, cuidar de sus intereses, en fin no ahorrar trabajo ni medios para adquirir m?s su confianza."

Tras la ca?da del Directorio, en 1820 Rosas comienza a participar activamente de la pol?tica bonaerense. Apoy? e impuso la candidatura de Mart?n Rodr?guez a la gobernaci?n de Buenos Aires. Particip? activamente en el Pacto de Benegas entre Santa Fe y Buenos Aires y se hace cargo de entregarle al caudillo santafecino, Estanislao L?pez, 30.000 cabezas de ganado.

El derrocamiento de Dorrego y su posterior fusilamiento a manos de Lavalle, vuelve a colocar a Rosas en el primer plano de la pol?tica.

Tras fusilar a Dorrego, Lavalle marcha hacia Santa Fe para encontrarse con Paz, pero es derrotado en Puente de M?rquez por las fuerzas aliadas de L?pez y Juan Manuel de Rosas.

Lavalle firm? con Rosas el pacto de Ca?uelas que nombr? como gobernador interino de Buenos Aires a Viamonte y convoc? a una reuni?n de la sala de representantes porte?a para elegir el gobernante definitivo.

El 8 de Diciembre de 1829 la sala de representantes proclam? a Juan Manuel de Rosas gobernador de Buenos Aires otorg?ndole las facultades extraordinarias y el t?tulo de Restaurador de las Leyes.

Rosas llev? a cabo una administraci?n provincial ordenada. Recort? los gastos y aument? los impuestos, superando lentamente el d?ficit fiscal heredado. Reanud? las relaciones con la Santa Sede, suspendidas desde 1810.

Fue el sector terrateniente el que sustent? el liderazgo rosista. La estructura social durante el per?odo rosista, estuvo basada en la tierra. La gran estancia era la que confer?a status y poder.

Acompa?aban a Rosas en el poder los grupos dominantes porte?os que no estaban dispuestos a compartir las rentas de la aduana con el resto de las provincias.

El restaurador les garantizaba el orden y la disciplina social necesarios para desarrollar sus actividades econ?micas.

Rosas gozaba de un gran predicamento entre sectores populares de Buenos Aires, y, de esta forma, aparec?a ante los terratenientes de la provincia como el ?nico capaz de contener y encauzar las demandas de las clases bajas.

En agosto de 1830 varias provincias del interior conforman la Liga Unitaria bajo el liderazgo del General Paz.

En enero de 1831 Buenos Aires, Santa Fe y Entre R?os firmaron el Pacto Federal, una alianza pol?tico militar para terminar con los unitarios de Paz.

Finalmente Paz ser? derrotado y capturado por L?pez. Rosas, L?pez y Quiroga dominaban la confederaci?n. Pero el restaurador demostr? ser el m?s poderoso y continu? aislando a Buenos Aires de las otras provincias.

En 1832 Rosas fue reelecto como gobernador de Buenos Aires. Exigi? que se le renovaran las facultades extraordinarias. La sala de representantes se opuso y Rosas renunci?.

Fue electo el general Juan Ram?n Balcarce, candidato de Rosas que, entre 1833 y 1834, emprendi? una campa?a al desierto financiada por la provincia y los estancieros bonaerenses preocupados por la amenaza ind?gena sobre sus propiedades.

Rosas combin? durante la campa?a la conciliaci?n con la represi?n. Pact? con los Pampas y se enfrent? con los ranqueles y la Confederaci?n liderada por Juan Manuel Calfucur?.

Seg?n un informe que Rosas present? al gobierno de Buenos Aires a poco de comenzar la campa?a, el saldo fue de 3200 indios muertos, 1200 prisioneros y se rescataron 1000 cautivos blancos.

El ?xito obtenido por el restaurador en la campa?a aument? a?n m?s su prestigio pol?tico entre los propietarios bonaerenses, que incrementaron su patrimonio al incorporar nuevas tierras y se sintieron m?s seguros con la amenaza ind?gena bajo control.

Rosas se alej? de la provincia pero no de los manejos pol?ticos. Su mujer, Encarnaci?n Ezcurra era su fiel representante y con el apoyo de la mazorca, conspir? contra los gobiernos de Balcarce, Viamonte y Maza que se sucedieron durante la ausencia del restaurador.

La agitaci?n pol?tica conducida por Encarnaci?n contribuy? de manera decisiva a crear un clima de gran inestabilidad favorable a los intereses de Rosas.

Un hecho agravar? a?n m?s la situaci?n. El caudillo riojano Juan Facundo Quiroga, resid?a por entonces en Buenos Aires bajo el amparo de Juan Manuel de Rosas.

Quiroga hab?a manifestado al Restaurador sus inquietudes sobre la necesidad de convocar a un congreso y organizar constitucionalmente al pa?s. Rosas se opuso argumentando que no estaban dadas las condiciones m?nimas para dar semejante paso y consideraba que era imprescindible que, previamente, cada provincia se organice.

A Rosas no se le escapaba que la organizaci?n nacional implicar?a la p?rdida para Buenos Aires del disfrute exclusivo de las rentas aduaneras, entre otros privilegios.

Ante un conflicto desatado entre las provincias de Salta y Tucum?n, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Vicente Maza (quien respond?a pol?ticamente a Rosas), encomienda a Quiroga una gesti?n mediadora.

Tras un ?xito parcial, Quiroga emprendi? el regreso y fue asesinado el 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco, provincia de C?rdoba.

La muerte de Quiroga determin? la renuncia de Maza y provoc? entre los legisladores porte?os que prevaleciera la idea de la necesidad de un gobierno fuerte, de mano dura.

Por una amplia mayor?a de votos, expresados en la legislatura y a trav?s de un plebiscito que dio un resultado de 9.713 votos a favor y 7 en contra, fue electo nuevamente Juan Manuel de Rosas, en marzo de 1835, esta vez con la suma del poder p?blico.

La hegemon?a rosista se consolid? mediante la unificaci?n ideol?gica del pueblo de Buenos Aires a trav?s del uso obligatorio de la divisa punz?, del riguroso control de la prensa; y de una dura represi?n a la oposici?n ideol?gica y pol?tica realizada por la Sociedad Popular Restauradora, conocida como la "mazorca", la fuerza de choque de Rosas, encargada de la intimidaci?n y la eliminaci?n de los opositores. Durante el largo per?odo rosista, la mazorca se cobr? miles de v?ctimas.

En 1835, Rosas sancion? la Ley de Aduanas, que proteg?a a las materias primas y productos locales, prohibiendo en algunos casos y gravando con altos aranceles en otros el ingreso de la mercader?a importada que pudiera perjudicar a la producci?n nacional.

La Ley favoreci? a las provincias pero sobre todo a Buenos Aires que aument? notablemente sus ingresos aduaneros.

Todo producto argentino destinado al exterior debe pagar su tributo a Buenos Aires y todo producto extranjero destinado a cualquier parte del pa?s deber pagar tambi?n a Buenos Aires.

Mediante este procedimiento Buenos Aires puede estimular cierta actividad econ?mica del interior y boicotear otra, determinando qu? mercader?a extranjera y de qu? pa?ses de procedencia podr? consumir el interior.

Quedaban en manos de Buenos Aires las llaves para favorecer o empobrecer a determinados grupos sociales de las provincias.

En esta segunda gobernaci?n Rosas: favoreci? la venta o el otorgamiento de las tierras p?blicas que pasaron a manos de los grandes ganaderos.

Otorg? opci?n de compra de tierras a los arrendatarios de contratos de enfiteusis facilitando as? el acceso a la propiedad privada tanto al norte como al sur del r?o Salado.

Rosas mantuvo durante gran parte de su mandato excelentes relaciones con los comerciantes brit?nicos y su gobierno.

Francia no hab?a obtenido de Rosas un tratado comercial como el que Inglaterra hab?a conseguido de Rivadavia.

Los ciudadanos franceses no estaban exentos de hacer el servicio militar como los brit?nicos. Rosas, adem?s hab?a encarcelado a varios franceses acusados de espionaje.

Se produce un conflicto diplom?tico y las naves francesas que estaban estacionadas en el R?o de la Plata, bloquearon el puerto de Buenos Aires a fines de marzo de 1838.

El bloqueo se mantuvo por dos a?os generando una obligada pol?tica proteccionista, m?s all? de la Ley de Aduana y produjo ciertas grietas en el bloque de poder. Los ganaderos del Sur de la provincia se rebelaron contra Rosas ante la ca?da de los precios de la carne y las dificultades provocadas por el cerco franc?s al puerto.

Durante el bloqueo se reanud? la guerra civil. Lavalle, con el apoyo franc?s, invadi? Entre R?os y Santa Fe pero fracas? en su intento de tomar Buenos Aires por carecer de los apoyos necesarios y debi? marchar hacia el Norte.

En octubre de 1840, finalmente por tratado Mackau - Arana, Francia pone fin al bloqueo. El gobierno de Buenos Aires se comprometi? a indemnizar a los ciudadanos franceses, les otorg? los mismos derechos que a los ingleses y decret? una amnist?a.

Concluido el conflicto con Francia, Rosas limit? la navegaci?n de los r?os Paran? y Uruguay. Bloque? el puerto de Montevideo y ayud? a Oribe a invadir el Uruguay y a sitiar la capital en 1843.

Estas actitudes de Rosas afectaron los intereses de los comerciantes y financistas extranjeros.

En 1845, el puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por una flota anglo-francesa.

A pesar de la heroica resistencia de Lucio N. Mansilla y sus fuerzas, en la Vuelta de Obligado, una flota extranjera rompi? las cadenas colocadas de costa a costa y se adentr? en el R?o Paran?.

El bloqueo no s?lo afectaba los intereses de los extranjeros, tambi?n perjudicaba a los estancieros del Litoral que no pod?an navegar libremente por el r?o Paran? y deb?an comerciar sus productos por el puerto de Buenos Aires, entre los afectados estaba Justo Jos? de Urquiza, que gobernaba la provincia de Entre R?os desde 1841

Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847 mientras que los franceses lo hicieron un a?o despu?s. La firme actitud de Rosas durante los bloqueos le vali? la felicitaci?n del General San Mart?n y un apartado especial en su testamento: "El sable que me ha acompa?ado en toda la guerra de la independencia de la Am?rica del Sur le ser? entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacci?n que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la Rep?blica contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla."

Reci?n en 1850 quedaron normalizadas las relaciones con Inglaterra y Francia.

Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos dispon?an de importantes reservas para sobrellevar los malos tiempos y de ventajas de todo tipo, entre ellas impositivas:

"El due?o de una estancia de treinta mil cabezas de ganado que en el estado actual de nuestras fortunas figura entre los m?s ricos hacendados del pa?s, podr? cancelar su cuenta corriente con el erario entregando el valor de cuatro novillos (...) La contribuci?n anual de un propietario de primer orden iguala, pues, a la de un boticario, un fondero, o el empresario de un circo de gallos, sin m?s diferencia que el primero paga a la oficina de contribuciones directas, mientras los dem?s lo hacen en la de patentes."

Por otra parte, durante este per?odo se restringe el sacrificio de animales de manera que al finalizar los bloqueos, las estancias se encuentran con su ganado multiplicado y listo para ser exportado.

A?o tras a?o, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducci?n de las relaciones exteriores de la confederaci?n, en la seguridad de que no le ser?a aceptada. Y lo hac?a en t?rminos como estos:

"La irreparable p?rdida de mi amante esposa Encarnaci?n, la prolongada lucha de mis m?s queridas afecciones para subordinarlas a mis altos deberes y los principios de mi vida p?blica, al?janme de una posici?n en que fuera desacuerdo reproducir sacrificios ya colmados. Con intenso anhelo, muy encarecida y humildemente, os suplico que, sin p?rdida de tiempo, elij?is la persona que ha de sucederme en el mando supremo de la provincia."

Y la Legislatura sol?a responderle en estos otros t?rminos:

"No es dado a los representantes del pueblo, conceder a V.E. el descanso que tan justamente solicita. Cierto es que las circunstancias de la Rep?blica exigen un poder con suficiente fuerza, armon?a y rapidez: en este convencimiento est?n los Representantes, y en el de que, aun cuando no hay patriotas esclarecidos, capaces de ponerse al frente de los negocios, s?lo en la persona de V.E. pueden depositar confiadamente la plenitud de facultades que acuerda la Ley. Sienten, pues no poder por ahora hacer innovaci?n alguna a las resoluciones anteriores; pero en medio del pesar que les causa su irrevocable resoluci?n, se hacen un deber manifestar a V.E. que est?n dispuestos a prestarle la m?s activa y decidida colaboraci?n en todo cuanto concierna al sost?n de la libertad e independencia de la Rep?blica, bajo en concepto que oportunamente facilitar?n los recursos necesarios para terminar la cruel guerra promovida por el feroz bando salvaje unitario."

En 1851 el gobernador de Entre R?os emiti? un decreto, conocido como el pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasum?a para Entre R?os la conducci?n de las relaciones exteriores.

El conflicto era en esencia econ?mico: Entre R?os ven?a reclamando la libre navegaci?n de los r?os, -necesaria para el florecimiento de su econom?a- lo que permitir?a el intercambio de su producci?n con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires.

Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidi? enfrentar al gobierno bonaerense.

El emperador de Brasil, Pedro II proveer?a infanter?a, caballer?a, artiller?a y todo lo necesario, incluso la escuadra. El tratado firmado entre Urquiza y los brasile?os dec?a en una de sus partes:

"Para poner a los estados de Entre R?os y Corrientes en situaci?n de sufragar los gastos extraordinarios que tendr? que hacer con el movimiento de su ej?rcito, Su Majestad el Emperador de Brasil les proveer? en calidad de pr?stamo la suma mensual de cien mil patacones por el t?rmino de cuatro meses contados desde la fecha en que dichos estados ratifiquen el presente convenio. S.E. el se?or Gobernador de Entre R?os se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del general Rosas, el reconocimiento de aquel empr?stito como deuda de la Confederaci?n Argentina y que efect?e su propio pago con el inter?s del 6% por a?o. En el caso, no probable, de que esto no pueda obtenerse, la deuda quedar? a cargo de los estados de Entre R?os y Corrientes, y para garant?a de su pago, con los intereses estipulados, SS.EE los se?ores gobernadores de Entre R?os y Corrientes, hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad p?blica de los referidos estados."

En las provincias la actitud de Urquiza despert? diversas reacciones. C?rdoba declar? que era una infame traici?n a la patria y dijo que "Urquiza se hab?a prostituido a servir de avanzada al gobierno brasile?o". Otras se pronunciaron en sentido similar e intentaron formar una coalici?n militar para defender a Rosas, pero ya era demasiado tarde.

Urquiza alist? a sus hombres en el ''ej?rcito grande" y avanz? sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852.

Vencido, el Gobernador de Buenos Aires se embarc? en el buque de guerra "Conflict" hacia Inglaterra. All? se instal? en la chacra de Burguess, cerca de Southampton acompa?ado por peones y criados ingleses. El gobierno porte?o, instalado el 11 de septiembre de 1852, confisc? todos su bienes y depend?a para vivir de los recursos que le enviaban sus amigos desde Buenos Aires. Volvi? a dedicarse a las tareas rurales hasta su muerte ocurrida el 14 de marzo de 1877, a los ochenta y cuatro a?os.

Unos a?os antes hab?a escrito una especie de testamento pol?tico.

"Durante el tiempo en que presid? el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederaci?n Argentina, con la suma del poder por la ley, gobern? seg?n mi conciencia. Soy pues, el ?nico responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos, de mis errores y de mis actos.

Las circunstancias durante los a?os de mi administraci?n fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos".

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar ?

(1793 - 1877)

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?Notas relacionadas:

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http://opinando.blogcindario.com/2010/11/00155-rosas-y-la-vuelta-de-obligado.html


Tags: Rosas, Bicentenario, Federalismo

Publicado por GEGM_81 @ 14:31  | bicentenrario 2010-2016
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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 21 de febrero de 2011 | 0:54

CREEO QUE J.M. DE ROSAS NO MERECIO PASAR A LA HISTORIA INGNORADO, PIENSO QUE LOS HISTORIADORES TIENE MUCHO QUE VER AL RESPECTO. HUBO PERSONAJES EN NUESTRA HISTORIA CON MAYORES ERRORES Y ACIERTOS QUE EL, POR LO TANTO CREEO QUE SE MERECE UN MEJOR LUGAR EN NUESTRA HISTORIA DE LA PATRIA. COMO TODOS LOS GRANDES HOBRES Y LIDERES, O SON ACEPTADOS O SON RECHAZADOS, PERO LO QUE HAY QUE TENER EN CUENTA ES QUE NO SEAN OLVIDADOS, Y ES LAMENTABLE QUE OCURRA DE ESA MANERA.