Lunes, 23 de febrero de 2009

Liberación nacional e integración continental

Juan Perón 

Mundo globalizado o modelo argentino de Perón

Por Dr. Juan Lucio Ruiz de Galarreta
Para la Revista "Cuadernos para el encuentro de una nueva huella argentina".



La Iglesia ejerce su magisterio a través de la palabra que difunden urbis et orbis sus pastores mediante bulas papales, cartas pastorales, encíclicas y fundamentalmente las enseñanzas de los padres de la Iglesia y los códices eclesiásticos verdaderas compilaciones legislativas que rigen su vida institucional y magistral.

La enseñanza impartida desde esos elevados foros eclesiales se expande y adquieren real vigencia social a partir de la instrumentación legal que las diversas organizaciones políticas tanto en el orden nacional como en la vida internacional van adoptando.
 
El ordenamiento institucional y legal de las naciones y del derecho internacional, están fundamentadas sobre la base del derecho natural que no es otra cosa que el espontáneo reconocimiento humano de lo que es el bien y el mal; lo justo y lo injusto, valores insertos por el Creador en la conciencia individual de cada ser y que tuvo como principal corporización, en las tablas mosaicas. En la historia del Derecho Internacional, el Cristianismo buscó neutralizar la anarquía imperante en las relaciones de las naciones. Los Concilios de Letrán en el año 1059 y de Clermont en 1095 implantaron la "Paz de Dios" que aseguraban la inviolabilidad de personas, cosas y templos, mujeres, niños y hombres no armados y "La Tregua de Dios" que vedaba combatir determinados días (sagrados) como prohibía atacar al desvalido y desprotegido y no usar recursos pérfidos.

Esta docencia eminente, toma vigencia en la vida internacional, forjando las disciplinas y el orden a las cuales deberán ajustarse los estados entre sí.
La Iglesia plantea una comunidad universal fundamentada sobre el amor, la paz y la caridad o sea la solidaridad. Vale aclarar que estos principios se oponen radicalmente al concepto de globalización imperante en nuestros días. En primer lugar, se trata de una expresión nacida en los valores enunciados por la Iglesia; mientras que la globalización no es otra cosa que una manifestación inequívoca de intereses financieros y especulativos que conllevan en sí el germen de la desunión, la corrupción, el facilismo, la deserción y destrucción familiar, la drogadicción y toda otra lacra social contaminante, por carecer de valores éticos que las respalden.

Muchas veces los mismos organismos internacionales, creados a los fines de regular la vida interconexas de las naciones, claudican y son por acción u omisión, responsables de hechos que la humanidad paga de manera cruenta, como ha sucedido en casos puntuales como la permisividad de invasiones a naciones soberanas bajo pretextos poco convincentes, desconociendo o silenciando el valor que para el Derecho Internacional tienen los tratados internacionales sobre diferendos diplomáticos.

Mientras esto sucede en un mundo dominado por una globalización mercantilista, el Modelo Argentino promovido por el General Perón, ofrece la posibilidad de organizarse internacionalmente sobre la base de la unidad de pueblos organizados en Estados soberanos y de tal manera se producirá el universalismo por decisión propia de los pueblos y no por la voluntad de arbitrarios intereses inconfesables.
El mismo documento afirma que para lograr constituir un mundo armónicamente integrado es necesario liberarse de dominaciones particulares. Aquí se debe hacer hincapié, en un dato de singular importancia. Esta liberación señalada, implica la necesidad de gozar de una total soberanía nacional, tanto sea ella territorial, política o económico financiera. Cualquiera de estas expresiones ausentes, se hará mas difícil una estructuración universal equilibrada y armoniosa. Advertimos entonces un gran paralelismo entre las postulaciones eclesiásticas y las propuestas enunciadas por el Modelo Argentino.

Cabe acotar igualmente, que tal posición se fundamenta en la consideración de la existencia de dos etapas previas: el continentalismo y el tercer mundo. La primera etapa (el continentalismo) sienta sus bases sobre la interrelación de todas las naciones de Latinoamérica, sin perder cada una su identidad y como punto final el llamado Tercer mundo que contempla la unidad internacional, respetando las diferencias filosóficas e ideológicas que cada estado conduzca.

Los grandes fracasos de las políticas destinadas a unificar internacionalmente al mundo, han sido provocados por prevalecer intereses particulares de los grandes grupos de poder sobre las reales necesidades de los pueblos.

La Iglesia siempre privilegió, en sus propuestas ecuménicas, rescatar los valores esenciales a la soberanía de cada nación y muy particularmente en temas que hacen a la paz entre naciones con diferencias diplomáticas, como ha sido su participación en el conflicto que nuestro país mantuvo con Chile por el tema de las islas en disputa y también en los temas que puedan generar situaciones dificultosas a las naciones en materia económico financieras.
En este último caso, corresponde señalar la vigorosa y valiente presencia de la Iglesia con motivo del Jubileo del año 2000, en donde afirmó la prudente necesidad de condonar deudas externas de naciones empobrecidas precisamente por la cruenta imposición de aberrantes cuentas usurarias que atentaban y siguen atentando, con la paz interna de las naciones deudoras. La pobreza, la miseria, la desocupación masiva, la falta se seguridad, el trabajo de menores, la deserción escolar, la descomposición familiar y otros traumas sociales, están vinculados estrechamente a la presencia de deudas descomunales que responden, como dice el economista Héctor Giuliano, a la lógica de la usura que pretende mantener al deudor en su condición de tal "sine die" asegurando al acreedor una permanente ganancia y sometimiento del deudor. En dichas circunstancias, su Santidad Juan Pablo II señaló que "la deuda externa de un país no podrá ser jamás pagada a expensas del hambre y la miseria de un pueblo". En nuestro medio también hizo escuchar su voz, el actual Arzobispo, Monseñor Héctor Aguer, quien señaló que "lo primero que hay que hacer es establecer la dimensión ética y jurídica de nuestra deuda y a partir de allí, establecer negociaciones razonables y apoyadas en un sentido elemental de nuestra soberanía y teniendo en cuenta también las posibilidades de nuestro pueblo".

En estos últimos días el mismo pastor publicó una nota en un matutino local, destacando la perversidad de las deudas y lo pecaminoso del sistema de la usura.

Como final de todo este recorrido amplio pero sintético, cabe señalar que todas las expresiones vinculadas al pensamiento del Modelo Argentino, están vinculadas a la idea primigenia que apuntaló todo el ideario peronista que fue la presentación, por parte del entonces Presidente de la Nación, de su teoría político-filosófica ‘La Comunidad Organizada" efectuada durante el desarrollo del Primer Congreso Mundial de Filosofía en Mendoza en el año 1949, forjado sobre los grandes lineamientos conducidos por las encíclicas papales de ese entonces y en el Humanismo Cristiano de Jaques Maritain y que derivó también en la reforma constitucional de ese mismo año, alejada de las bases liberales de la Constitución reformada y cuyas principales creaciones fueron la de otorgar jerarquía constitucional, a los derechos sociales básicos como son la defensa de la familia, la niñez, la ancianidad y el trabajo, concediendo a la propiedad una finalidad social y declarando la soberanía nacional sobre todos los bienes subyacentes en nuestro territorio. Ello hizo exclamar a Raúl Scalabrini Ortiz que se trataba del bastión de la soberanía nacional.

Las políticas emergentes tras la caída del gobierno popular en 1955, allanaron el camino a un nuevo liberalismo destructor de las economías nacionales y adversas a la dignidad de los pueblos, promotor de una agresiva propuesta deshumanizante carente de los valores que nutrieron nuestra vida comunitaria.

Esperemos una nueva etapa de consolidación de un modelo fundado en un orden social más justo y menos agresivos teniendo como finalidad la paz y el respeto mutuo entre los hombres, entre los pueblos y naciones, lejos de toda hegemonía colonialista y esquilmadora.



Conferencia Pronunciada en la Parroquia Nuestra Señora De Loreto el 7 de diciembre de 2007, en el Ciclo "Acuerdo Diálogo y Formación". Misión Social de la Arquidiócesis de La Plata. Organizada por: "Modelo Argentino de Perón".




Fuente:

Revista "Cuadernos para el encuentro de una nueva huella argentina", Nº 27, abril de 2008, Buenos Aires, pag. 81/83.

Tags: liberación, integración, globalización, Perón, DSI, Maritain, humanismo

Publicado por GEGM_81 @ 1:11  | peronismo
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