Jueves, 18 de diciembre de 2008

La promoción de la muerte



Editorial de Dirario de Cuyo, Jue, 18-12-2008.-


Millones de británicos vieron días atrás por televisión el suicidio asistido de Craig Ewert, un estadounidense de 59 años que en septiembre de 2006 decidió poner fin a su vida en una clínica de la controvertida organización Dignitas, en Suiza, especialista en esta práctica. El año pasado, ayudó a 141 personas a quitarse la vida.

Titulado "Derecho a morir. El turista suicida", el documental del cineasta canadiense John Zaritsky, despertó una fuerte polémica en Gran Bretaña. Padre de dos hijos, Ewert, un ex profesor universitario de informática de Yorkshire, Inglaterra, padecía una enfermedad neuronal motora degenerativa incurable que lo dejó completamente paralítico. Reacio a pasar sus años en lo que calificó una "tumba con vida", en alusión a su cuerpo, el enfermo viajó a Suiza. Y los telespectadores vieron como este hombre ingería una mezcla de sedantes letal.

Pareciera que la muerte también es un producto nuevo en el mercado de las ideas y del espectáculo. Al menos, entendido como una especie de producto al que se desea hacer aparecer como neutro, que no hace mal, pero que además otorga amplia audiencia. Como si entre vida y muerte no hubiera una gran diferencia, bastando lo que cada uno elija como lo mejor para sí mismo. O como si ante los problemas serios, la muerte representara una solución decente y docente.

Asistimos a una verdadera y propia propaganda de la muerte. Pero lo que más llama la atención es la idea de una muerte a pedido del ciudadano al Estado, como triunfo del individualismo libertario. En realidad, la muerte de una persona siempre daña a otras, porque cada uno tiene un grado de responsabilidad hacia los demás y hacia la sociedad, contribuyendo así al bien común. La eutanasia impide honrar esta obligación.

Un valioso argumento en contra de esta práctica se encuentra ya en Aristóteles, en el 322 a.C., al afirmar: "El pedido de ser privado de la existencia, implica el menosprecio del respeto a la vida de uno mismo. Y cuando el Estado no penaliza esta práctica, es como si dijera que la tutela de la vida no tiene más valor". El modo de pensar que lleva a aceptar el suicidio asistido, olvida que la persona tiene una dignidad inviolable. Ésta, no sólo tiene deberes hacia los otros sino también hacia sí misma.

Algunos sostienen que el Estado debe dejar que cada uno elija libremente, porque aquel debe permanecer neutral y no tomar posición alguna. Pero en realidad, al despenalizar la eutanasia, el Estado no es neutral, porque asume una infravalorada concepción antropológica, además de ayudar al eclipse del valor de la vida y del bien.




fuente: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=318961 

Tags: eutanasia, muerte, vida, suicidio

Publicado por GEGM_81 @ 19:34  | familia y vida
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