Jueves, 30 de octubre de 2008

EDITORIAL
Trascendencia constitucional

El 30 de octubre de 1983, el radical Raúl Alfonsín se impuso por más de diez puntos al peronista Italo Lúder en las elecciones que marcaron el fin de la dictadura militar y el inicio de una democracia que hoy cumple 25 años. Este período es el más largo de estabilidad republicana de nuestra historia.

El camino recorrido no fue fácil, pero hoy está vigente el compromiso de asegurar el calor de la política como instancia determinante para la conducción de los asuntos públicos, neutralizando el poder de las Fuerzas Armadas y de la violencia como práctica política. Pero esto solo, no basta. Democracia y Estado de Derecho son algo más profundo que el solo respeto por las garantías constitucionales. Un balance de los últimos 25 años arrojará un resultado incierto, según qué es lo que se prefiera valorar.

Uno de los valores positivos es que, a partir de ese año, la Constitución Nacional comenzó a regir por encima de todo tipo de consideraciones. El Congreso de la Nación, a pesar de algunos penosos episodios que han tenido lugar en su seno, ha sabido enfrentar exitosamente aun las crisis más profundas, recurriendo para resolverlas a la capacidad institucional de los partidos políticos históricos. Tanto la crisis de los sobornos, como la renuncia del presidente De la Rúa, al igual que el conflicto originado por la resolución 125, fueron resueltas en el marco de las instituciones.

Entre los aspectos negativos sobresalen la concentración de poder y la insuficiencia de espacios desde los que se deben construir proyectos de mediano y largo plazo, con el diálogo como base y el respeto al pluralismo como contexto, sin los cuales no existe democracia. La persistencia de la pobreza y la indigencia constituyen un obstáculo fundamental para este sistema. Hay sectores importantes de la población, que quedan excluidos de los canales de integración social y política.

Quedan por formular y sancionar nuevos derechos sociales acordes a los actuales tiempos, en que el asedio de la globalización a las políticas nacionales impide establecer condiciones estables de trabajo. Hoy los partidos son políticamente irrelevantes: no interpelan como tales a los gobiernos por sus decisiones y no constituyen instancias de socialización política. Y se ha perdido entusiasmo, certeza y pasión de parte de la ciudadanía. Sin recuperar esta convicción, difícilmente se alcanzará la postergada reforma política.

Los argentinos festejamos 25 años de democracia, pero también de sueños inconclusos y de inexistente consenso.

FUENTE:
Diario de Cuyo
http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=310769



Tags: constitucional, democracia

Publicado por GEGM_81 @ 19:54  | politica
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