Jueves, 30 de octubre de 2008

REALIDAD
La vida democrática

VÍCTOR BAZÁN - PROF. TITULAR DE DERECHO CONSTITUCIONAL. UCCUYO.

congreso

Hoy es día de celebración. El mantenimiento de la democracia desde 1983, afortunadamente sin las acostumbradas y lacerantes interrupciones de otras épocas, es un trascendente logro institucional que no puede ni debe pasar inadvertido. Aun cuando parezcan simples afirmaciones obvias, nunca es sobreabundante evocar ciertas premisas relevantes: la primera, resaltar que, con sus defectos y bemoles, la democracia continúa siendo -como gráficamente se dijera- el menos imperfecto de los sistemas políticos; y la segunda, no subestimar los peligros que frecuentemente la acechan, con lo cual, no debe ser tomada como algo definitivamente adquirido e incorporado a nuestra vida institucional y que estará así y aquí por siempre, porque ello provoca un relajamiento y un adormecimiento cívicos muy riesgosos.

 

Por el contrario, nos corresponde a todos como ciudadanos luchar día tras día por honrar la democracia, consolidarla y vivificarla, participando responsablemente y fortaleciendo la cultura democrática.

Si debiéramos realizar un balance de este cuarto de siglo ininterrumpido en democracia, la conclusión no puede ser sino positiva. Ya el solo hecho de vivir en un marco democrático y con estabilidad constitucional supone un regocijo cívico. Haber recuperado las instituciones y que la Constitución haya recobrado vigencia, poder pensar y expresarse libremente, disentir, participar comprometidamente, militar en partidos políticos, postularse para cargos electivos, votar y elegir a los representantes, formar parte de organizaciones no gubernamentales y otras asociaciones intermedias y, entre otras cosas, tener acceso a la justicia para la protección de los derechos; son "privilegios" únicos e impagables que sólo permite la dinámica institucional democrática.

Por supuesto, y como corolario de una reflexión crítica de estos cinco lustros de estabilidad institucional, también debe reconocerse que la democracia y sus gobernantes tienen aún numerosas y complejas tareas por delante. Por ejemplo, reducir la gran inseguridad ciudadana causada por la escalada de violencia y delincuencia; disminuir los niveles de marginalidad, exclusión, pobreza y desempleo; lograr que la distribución de los ingresos sea más equitativa; mejorar los sistemas públicos de salud y educación; consolidar una lógica institucional sustentable que respete la armonía de los Poderes del Estado, evitando que se desequilibre el sistema por el hiperdimensionamiento de alguno de ellos en detrimento de los demás; reforzar la independencia y la credibilidad de la justicia sorteando los riesgos de manipulación política; superar la indiferencia y la anomia cívicas; fortalecer los órganos de control administrativo; dejar definitivamente atrás la arraigada y disfuncional práctica de convertir lo excepcional en regla y lo transitorio en permanente (por ejemplo, las emergencias económicas "sine die"); y en general cumplir de modo cabal los preceptos y mandatos de la Constitución.

Es que en definitiva, debe internalizarse que las bases jurídicas, políticas y axiológicas mínimas de sustentación de un verdadero Estado Constitucional y Democrático de Derecho, son: una Constitución suprema y con fuerza normativa, al igual que los instrumentos internacionales básicos en materia de derechos humanos; un sistema democrático no declamado sino real; el goce y el ejercicio efectivos de los derechos humanos, porque el progreso de la democracia se mide por la expansión y la justiciabilidad de ellos; una justicia constitucional que asegure la normatividad y la primacía constitucionales y el respeto y la realización de aquellos derechos sin superfluas distinciones categoriales entre derechos civiles y políticos y derechos económicos, sociales y culturales; y, no menos importante, el control y la racionalización del poder para impedir abusos de quienes lo ejercen.

Por fin, y como expresión de deseos, hacemos votos por que el "último" gobierno de facto (1976/1983), de cuya finalización nos separan 25 años, sea el "último" no sólo por serlo cronológicamente hasta el presente, sino que además, en visión prospectiva, resulte verdaderamente el "último" de nuestra historia institucional como país. En el juego de palabras subyace y vibra el anhelo de un "nunca más" a cualquier pretensión de ruptura del orden constitucional y democrático. Así sea.


fuente: diario de cuyo


Tags: democracia, DERECHO CONSTITUCIONAL

Publicado por GEGM_81 @ 19:51  | politica
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