Mi?rcoles, 09 de julio de 2008

PRODUCTORES AGRARIOS

Durante 21 días los productores del campo llevaron adelante la más prolongada protesta que se recuerde. Este es un hecho histórico: los sectores más empobrecidos del campo, muchos pertenecientes a los pueblos originarios, sectores medios e incluso acomomodados, transformaron las medidas de lucha convocadas por las entidades rurales en una movilización masiva, asamblearia, principalmente nucleada en los denominados "autoconvocados" que protagonizaron centenares de cortes de ruta. El analista Rosendo Fraga señaló que ni en lo más profundo de la crisis del 2001, se alcanzó tal movilización con centenares de cortes de ruta, 400 según algunos, más de 1.000, según otros. Se trató entonces, de una verdadera pueblada agraria. El desencadenante del conflicto fue la decisión unilateral e inconsulta del gobierno de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner de aplicar una suba a las retenciones, configurando un verdadero impuestazo. Lo que se convocó como una moderada protesta por dos días, se transformó, producto del descontento de los sectores más empobrecidos del campo argentino, en una verdadera pulseada entre esos productores y el gobierno. La lucha de los coductores agrarios concitó el apoyo de grandes contingentes urbanos: al provocativo discurso presidencial del martes 26 de marzo, le sucedió un cacerolazo que ganó la Plaza de Mayo y sus alrededores, al que el oficialismo desalojó utilizando los favores de patotas pagas, las que actuaron como verdaderas fuerzas parapoliciales. La utilización de esos grupos de choque organizados con el objetivo de quebrar la lucha del productor agrario e impedir la solidaridad de otros sectores populares, encendió una generalizada indignación en el interior y en los centros urbanos. La Dra. Fernández de Kirchner utilizó los medios de difusión masivos para denigrar la lucha agraria; la caracterizó como producto de una "conspiración oligárquica" y ridiculizó los cortes de ruta llamándolos "piquetes de la abundancia". Luego del primer discurso presidencial, centenares de productores agrarios se volcaron a las rutas indignados por la soberbia y las mentiras promovidas desde el oficialismo. Los "autoconvocados" no pertenecen a ninguna de las cuatro entidades rurales. Son miles de productores y trabajadores que se han nucleado a través de las asambleas y las movilizaciones, utilizando el histórico camino de lucha que reaparece una y otra vez a lo largo de la historia de nuestra Nación: la pueblada. La rebelión agraria, la patriada de los productores del campo, provocó un profundo temblor en la política nacional. Gobernadores oficialistas fueron empujados por los productores agrarios a la oposición a la política oficial hacia el campo; intendentes y concejales que conviven a diario con los productores hicieron conocer su disidencia con las decisiones del Ejecutivo Nacional y pasaron a apoyar la lucha de los productores. En los pueblos se conoce en detalle el resultado de la política aplicada a la producción agraria en el campo. En ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, mientras el municipio recauda $8 y la provincia $28, el gobierno nacional se lleva $1.225 por cada hectárea de soja cultivada. Por eso es cierto el planteo de los productores cuando hablan de un país que de la mano del oficialismo de los Drs. Kirchner ha recreado lo peor del centralismo unitario. Y que acentúa las características de un país que no es ni republicano, ni representativo, ni federal. El reclamo por retenciones diferenciadas y coparticipables cuestiona de fondo las medidas distorsivas tomadas por al Ejecutiva Nacional, en beneficio del trabajador, el productor y las provincias. Las retenciones a las exportaciones, al igual que el IVA con relación a los consumidores, tienen un carácter regresivo con relación a los productores: afecta más a los productores más pequeños, expulsados por los latifundistas y pooles de las mejores tierras hacia las menos productivas y más distantes. Es un impuesto distorsivo, pues castiga a la utilización productiva de la tierra y premia a los que la mantienen sin producir. Si lo que se buscara verdaderamente fuera una redistribución de la renta del campo, como dice el gobierno, a lo que tendría que apelar es a los impuestos a la tierra y a la ganancia. ¿Por qué no lo hace? Supuestamente porque las retenciones son más fáciles de cobrar, lo que es una excusa banal con la tecnología informática que hoy existe. Si no lo hace es porque no quiere malquistarse con los grandes propietarios de tierras con los que el gobierno mantiene unaestrecha asociación y múltiples negocios; y no quiere coparticipar con las provincias los aumentos de recaudación. En efecto, el oficialismo elude todo cuestionamiento a los grandes apropiadores de la tierra. Ejemplo claro de este comportamiento político y económico del oficialismo es su decidida promoción de la extranjerización de la tierra, la que alcanza las 17.000.000 de hectáreas. Esta política aplicada por el Dr. y la Dra. Kirchner tanto en sus épocas como gobernantes en Santa Cruz como ahora a cargo del Ejecutivo nacional, pone en evidencia el modelo agrario con el que comulga el oficialismo: el modelo Benetton, depositario de las estancias de Su Majestad Británica. Estos sectores improductivos fueron largamente beneficiados por la administración Kirchner en su anterior y actual turno gerencial. El oficialismo gobernante ha garantizado la enajenación de las mejores tierras, comprometiendo las tierras productivas, las riquezas del subsuelo, los reservónos de agua dulce, espacios aéreos, etc. La política del gobierno de los Drs. Kirchner, terminó por provocar disensos profundos en las alturas del poder. Las minorías gerenciales se han divido producto de la dura y valiente lucha de los productores del campo. Las quejas del ex gobernador Reutemann, y los actuales mandatarios provinciales Schiaretti, Das Neves, Binner, etc., y de numerosísimos intendentes, son evidencias tangibles, pero no las únicas, de esta división entre los grupos de poder. Esto plantea una situación compleja, porque el gobierno de los Drs. Kirchner necesita el control centralizado y unitario de los fondos del Estado para garantizar el control de una fuerza política y social del sistema, sumisa, que les permita alcanzar sus objetivos políticos y económicos. En un año en el que la crisis económica mundial promete nuevos sacudones que conmueven las economías de los países llamados "emergentes" como la Argentina; los próximos pagos de la deuda externa ilegítima, usuraria y fraudulenta que el gobierno del Dr. Kirchner renegoció para su cumplimiento, la crisis energética que traerá mayores penurias a la población así como complicaciones económicas de distintos órdenes, etc. El gobierno no escucha. No escucha a los chacareros y trabajadores rurales. No escucha el malestar que deviene de una inflación galopante, se encierra en los inventos del Indec. No escucha a los que venimos señalando la grave situación sobre la soberanía nacional en el Atlántico Sur y la Antártida. No escucha, persiste en la confrontación. Ha perdido gran parte de la base de sustentación política (ya de por sí limitada, en su origen, a solo uno de cada tres argentinos en condiciones de votar). Habrá quienes crean que pueden aprovechar la situación de "río revuelto", no lo ignoramos. Pero la patriada agraria, la rebelión del campo ha retoma la pueblada como modo de protesta y camino para las grandes transformaciones. Siguen encendidos los fuegos de la rebelión popular que ardieron en diciembre de 2001 y que tanto trabajó el oficialismo gobernante por apagar. Quienes venían a terminar con los "piquetes" y las "cacerolas" fracasaron. Y este fracaso implica un cambio en la situación política cuyas dimensiones y alcances se harán sentir en el porvenir inmediato de la patria. Las fuerzas populares, patrióticas y democráticas tienen nuevas tareas y perspectivas por delante.

fuente: Editorial de la Revista CUADERNOS N| 27 abril de 2008 - Buenos Aires


Publicado por GEGM_81 @ 8:50  | politica
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