Jueves, 03 de abril de 2008

A 10 d?as de la Pascua2008.



Por Germ?n Grosso Molina

?Qu? es la pascua?

Bueno amigos, estamos en tiempo de Pascuas, y por lo tanto es bueno (y necesario) que reflexionemos sobre ella.

Normalmente en mis tiempos de webmaster sol?a escribir algo sobre la pascua o la cuaresma, espero que algunos fieles amigos animados a leer cuanta cosa se me ocurr?a publicar lo recuerden, ya que mi prop?sito era el de tratar de llegar a los dem?s y dejar alg?n buen mensaje. En este caso, estrenando mi ?blog? no quer?a perder la costumbre.

Pero como no es mi intensi?n aburrir sino ?entretener?, ni tampoco repasar clases de teolog?a, sino m?s bien exteriorizar un pensamiento y convencimiento que, sin dudas fruto de esa formaci?n, han ido instal?ndose en mi alma.

A la pregunta del ep?grafe (para usar t?rminos de la pr?ctica jur?dica) ?qu? es la pascua? Vamos a responder de la siguiente manera. Aclaro que, como vengo diciendo, ?sta es una reflexi?n puramente personal, fruto de un proceso de evangelizaci?n que sobre m? han impetrado diferentes hermanos (sacerdotes, catequistas, profesores, etc.), pero no es la explicaci?n de la doctrina de la Iglesia. Vuelvo a aclarar, este es un pensamiento ?personal?. Sin embargo, a lo largo de ?sta charla, ir? realizando algunas citas b?blicas, puesto que la Palabra de Dios es la fuente de nuestra Fe y la debemos tener presente.

Partamos de un comienzo: nosotros como cristianos y creyentes, como verdaderos hombres de fe, creemos y aceptamos que hemos sido creados por un Dios creador y todopoderoso que, siendo omnipotente, y siendo el sumo bien, la felicidad infinita y eterna, y la justicia, es a la vez ?amor? (Deus caritas est), y como ?amor? no se puede quedar con su s?lo ser y existencia, sino que para vivir ese amor, es creador (Gn 1,1-2). Es creador necesariamente, pues siendo amor, el amor s?lo se puede vivir en relaci?n a otro. Es as? que Dios es necesariamente creador. Como creador es autor de toda la creaci?n: el Universo entero (Gn 2, 1-4). Sin embargo al crear todo el Universo se dio cuenta que hasta ese momento nada de lo creado se le ?asemejaba?, nada era suficientemente ?digno? como para ser ?ser?, sujeto de amor en relaci?n con el creador. Es as? que viendo todo lo creado decidi? alcanzar el m?ximo grado de amor: decidi? comunicar su ?ser?. Cre? un ser que ser?a semejante a ?l. Pero Dios no pod?a dejar de serlo (ser Dios), es decir, el ser superior nunca puede dejar de serlo, sin embargo por la entrega amorosa al ser creado, ?su creatura? alcanza una divinidad tal que merece ser llamado ?semejante a Dios? (Gn 1, 26-27). Es decir, la creatura sin ser Dios (ni siquiera sin poder serlo), alcanza un nivel pr?cticamente ?igual?, equiparado al creador (Pe 1, 4). Esto s?lo gracias al ?amor? del creador, pues la creatura por s? misma nunca puede elevarse a la altura de su creador.

Esa creatura es el hombre (Gn 2, 7). Ahora bien, el hombre, para poder estar realmente a la altura de su ser creador necesita de un atributo que lo haga verdaderamente semejante: la libertad de poder ser lo que quiera (o lo que deba) ser. La libertad del hombre es tambi?n manifestaci?n del amor de Dios. Dios no cre? un robot, una ?cosa? que se le someta a su voluntad, pues en ese caso s?lo crear?a un objeto que le alabe, y por lo tanto no ser?a verdaderamente creador y dador de vida, sino que dicho acto ser?a simplemente manifestaci?n de su s?lo ?ego?.

La libertad en el hombre es la cualidad esencial que lo hace ?hombre? y criatura capaz de darse cuenta y reconocerse como creatura. La libertad es pr?cticamente la ?esencia? del hombre. El hombre sin libertad ser?a un ?objeto?, que se rendir?a alabando al creador, que en ese caso s?lo ser?a centro egoc?ntrico de la creaci?n. Dios decidi?, como ?amor? que es, comunicar vida, ser, pero adem?s libertad para que ese ser (el hombre) sea lo que quiera (o deba) ser.

Es decir, la libertad del hombre es otra demostraci?n del amor de Dios, su creador. Y es la libertad del hombre lo que lo lleva a poder decidir (al hombre) si quiere estar cerca o lejos de Dios. Pues Dios no lo puede obligar a nada (ser?a ego?sta, interesado s?lo en s? mismo). Estar cerca de Dios es amarlo, y practicar el bien. Alejarse es no querer amarlo, y practicar el mal (1 Jn 7-16). As? el hombre lleg? al ?pecado?. Pues decidi? en un momento de su historia ?pecar?. Al distinguir el hombre el bien y el mal, y en un caso, decidirse por el mal, cay? en el pecado, y por ello la muerte entr? en el mundo (Gn 2, 8-9; 3, 4-5). El hombre ?l solo se conden? a la muerte (Gn 3, 22-24).

La muerte es consecuencia del pecado por lo siguiente: si el bien es Dios, y Dios es la vida y la eternidad, el mal, que es lo opuesto a Dios, lleva a la muerte y a la vida temporal o terrena. A la vez si Dios es la sabidur?a y la verdad, el pecado tambi?n lleva al hombre a la ignorancia y a la mentira. Si Dios es amor, el pecado lleva al odio. Si el hombre por ser libre puede asemejarse a Dios am?ndolo, tambi?n puede? caer en la esclavitud del pecado, al usar su libertad para el mal.

Es por eso que el amor de Dios es la causa del mal. Pues, el amor de Dios lo lleva a que le d? al hombre libertad suficiente para decidir sobre su vida. El hombre al ser libre puede decidir si vive cerca de Dios o lejos de ?l. Cuando el hombre se aleja de Dios, se acerca al mal, que no es otra cosa que lo opuesto a Dios (que es el bien).

Cuando nos preguntamos por qu? Dios permite el mal, en realidad debemos darnos cuenta que el mal es la consecuencia de la libertad del hombre, por lo tanto Dios permite el mal porque antes (por amor) le dio la libertad al hombre para que ?ste decida por s? mismo que hacer con su vida. Si Dios obligara al hombre a vivir el bien, en realidad lo estar?a privando de su libertad, el hombre ser?a una m?quina que reproduce la voluntad de Dios, pero no un ser semejante a Dios, en cuyo caso la libertad es lo que m?s lo asemeja.

Ahora bien, hemos dicho que Dios es amor, y por ende debe ser misericordioso. Dios ama al hombre, y se conmueve al ver que el hombre cay? en el pecado y sufre sus consecuencias, entre ellas, la muerte misma. Un solo acto de Dios habr?a bastado para salvar al hombre: haberlo redimido con su sola palabra, con un solo acto de su poder habr?a redimido al hombre del pecado y la muerte.

Sin embargo, si eso habr?a hecho no hubiese sido un Dios Justo. Pues Dios advirti? al hombre cual era su deber, y en su caso, cual ser?a su consecuencia. Si bien le dio la libertad de elegir, advirti? al hombre las consecuencias que devendr?an del pecado (si el hombre se decid?a a ?l) (Gn 2, 16-17). Si Dios redimiera al hombre con su sola palabra al conmoverse cuando el hombre pec?, no ser?a pues justo, ya que estar?a faltando ?l mismo a su palabra, y se transformar?a en un Dios que no cumple su palabra, y en su caso que ?juega? con el hombre, al ver como el hombre mismo (por ser libre) se condena y con un solo acto de misericordia lo ?salva?, ser?a re?rse y deleitarse con los tropiezos del hombre, por parte de Dios (como el ni?o en el laboratorio que se divierte con los tropiezos de la ratita en el laberinto).

Pues bien, para que el hombre se salve de la muerte y del pecado, Dios no decidi? concederle la salvaci?n, sino que decidi? que el hombre mismo se ganara la salvaci?n y pague por todos los pecados, sufra por todos sus males, incluso padeciendo la muerte misma. Era el mismo ?hombre? quien deb?a ganarse la salvaci?n. Aqu? tambi?n habr?a bastado que un solo hombre de la creaci?n cumpla con la voluntad de Dios, pague por lo pecados de todos y redimiera a todos. Pero no ser?a suficiente, pues recordemos que Dios es amor, y es el amor absoluto. Dios decide? ?ser hombre?. Vivir como ?hombre?. Sufrir y padecer todas las consecuencias del pecado, hasta la misma muerte. Ese ser?a el verdadero acto de amor pleno. Ser como la creatura. El alt?simo Dios, creador de todo, y del hombre mismo, se rebaja y asume la realidad del hombre mismo haci?ndose ?hombre?. El creador se hace creatura. S?lo el amor puede ser la explicaci?n de semejante acto.

As?, el ?hijo del padre?, el Mes?as, el Dios que se hace hombre, lleg? al mundo, para ser hombre y vivir, sufrir y padecer ser ?hombre? (Rom 5, 12-20). ?Qu? entrega! ?Qu? gesto de amor! ?Es el amor hecho hombre! (Ef 1, 4-9). All? est? el acto de amor por excelencia de Dios, salvar al hombre, haci?ndose ?l mismo (que siempre es Dios) hombre. Y se hizo hombre no para ser alabado por el hombre, para ser ?rey? de la tierra, alabado por los dem?s hombres, eso seguir?a siendo ego?smo de Dios.

Decidi? ser hombre, pero para padecer los dolores del hombre, no para ser alabado por los dem?s, sino para ?sanar? a los hombres, salvarlos de sus miserias, y la mejor manera de hacerlo, entreg?ndose por ?amor?, era pues padecer y sufrir en la propia carne las consecuencias de esas miserias. La inujusticia (del poder de Pilatos, Mt 27, 24-26), la soberbia (de los fariseos y sumos sacerdotes, Mt 22, 13-14; 26, 57-67), el dinero (las 30 monedas, Mt 27, 3-9), la ambici?n (de los sacerdotes, para no perder su posici?n; la de Pilatos, para no quedar en la mira de Roma, Jn 19, 12-16), la soledad (el abandono de sus amigos, Mt 26, 56) y la traici?n (Judas, el propio disc?pulo, el que fue llamado por el mismo Jes?s ?amigo?, lo entreg?, Mt 26, 47-50).

Jesucristo es la expresi?n del amor de Dios, el padre creador todo poderoso, quien se hizo hombre para cargar con los pecados del hombre (Col 1, 20). No quiso la gloria de los hombres ni del mundo, sino que quiso, como hombre, ser la gloria de Dios, el padre (Jn 12 20-33).

?ste es el sentido de la pascua. Es la culminaci?n de la obra redentora del ?hijo?. Sin embargo, para ir finalizando, cuando hablamos de la pascua no la debemos considerar como un hecho hist?rico, como un acontecimiento ocurrido hace 2000 a?os en un rinc?n de Palestina. Dios es eternidad, y para ?l no existe el tiempo, ni el espacio.

Para Dios, esa entrega de su propio hijo, el ?Dios hecho hombre?, es presente constante y permanente, pues, como dijimos, para Dios no hay tiempo. La entrega de Jesucristo por nosotros en la cruz es acto permanente. Como esa realidad es imposible de ser percibida y entendida por el hombre, que es una creatura temporal, para poder ser vivida por el hombre mismo en cada uno de los momentos de la historia de la humanidad, es que el mismo Cristo decidi? quedarse en el tiempo, hacerse presente en el tiempo y el espacio. Ese es el misterio de la Eucarist?a: Cristo mismo, presente en cada momento de nuestra historia, en las apariencias del pan y del vino (Jn 6, 35-54). Antes de subir a la cruz y derramar su sangre por la humanidad (Heb 9, 11-14), Cristo se dio en la ?ltima cena en el pan y en el vino, para que comamos y bebamos de ?l, en su memoria, y en virtud de ese banquete nos hagamos uno todos en ?l. De ese modo, Cristo que est? en el Padre, puede estar a la vez en nosotros y nosotros en ?l, para que en Cristo, con el Padre, seamos uno (Jn 6, 55-58). Esa comuni?n de amor es posible gracias a la presencia en nosotros y en el mundo del mismo Esp?ritu de Dios, el Esp?ritu Santo que no es m?s que el amor del Padre y del Hijo hecho persona, habitando entre nosotros (Rom 8, 1-17).

?Esa es la Pascua!

?

Germ?n Grosso Molina (02/04//08).


Tags: Cristo, pascua, pasión, semana santa

Publicado por GEGM_81 @ 0:10  | cristianismo
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 14 de abril de 2009 | 23:10
Excelente. Nos refresca la memoria de lo que ya sabemos y que el tirano tiempo hace que muchas veces olvidemos