Jueves, 26 de julio de 2007

Queridos compañeros:

Autoridades del Gobierno de la Provincia, …
Autoridades presentes de la UCCuyo. Queridos Profesores y Comunidad Académica. Personal no docente. Padres. Queridas familias y amigos que hoy nos acompañan. Colegas.
Tengo el gran honor hoy de poder dirigir estas palabras a todos los aquí presentes, y poder expresar lo que siento en éste momento tan importante para cada uno de nosotros.
Y sin dudas, lo que siento, y seguramente cada uno de los que hoy reciben su Título, es haber alcanzado un sueño, una meta que un día nos propusimos, y que fue tan ansiada, e imaginada durante todos estos años, y hoy sentimos haber llegado a la cumbre de un camino que no fue nada fácil.
Se nos vienen los recuerdos de los primeros días de cursado, descubriendo un mundo con profesores y compañeros nuevos, con otra enseñanza, introduciéndonos poco a poco en la vida universitaria, dejando atrás una etapa tan dulce como fue la adolescencia.
Cada uno sabe lo que tuvo que vivir en estos años. Detrás nuestro el gran esfuerzo de la familia, nuestros padres en algunos casos, o algún abuelo, un tío o un gran amigo, otros habrán tenido que luchar solos, sacrificando todo por lograr lo mejor para nosotros, y darnos la posibilidad de estudiar. Cada uno afrontando su situación de vida en búsqueda de un sueño.
Del entusiasmo del primer día a los primeros éxitos, o las primeras dificultades, de las primeras sorpresas a la rutina diaria. Se nos viene el recuerdo del primer parcial, el primer examen, la primera bolilla, en fin. Luego vinieron intensos años, en donde ya habíamos dejado atrás el comienzo, y la cumbre ni siquiera se divisaba, era el momento de practicar la constancia, de sacar fuerzas para no darnos por vencidos.
Recordemos que a la mayoría de nosotros nos tocó afrontar una época de gran crisis. Vivimos las consecuencias de estar sumergidos en la globalización, con todas sus ventajas y dificultades. Y era en esos momentos tan difíciles, donde a muchos los atrapó la desilusión, la frustración, la desesperación y el pesimismo. El desempleo crecía, y el optimismo se perdía de a poco. Pero era el momento de sacar fuerzas y no bajar lo brazos. De a poco, arribábamos a los últimos años, y las últimas materias, tal vez las más difíciles, pero la cumbre de a poco se divisaba, y el entusiasmo por lograr la meta renacía.
Poco a poco, sin que el esfuerzo decayera, entrábamos en la recta final, y por fin, casi sin poder creerlo, un día llegó el momento y nos vimos sentados en la última mesa de examen, sabiendo que en sólo un instante se cumpliría el sueño, y sí…emoción, festejos y aplausos, huevos, harina, tijeras, y nuestros seres queridos a nuestro lado, viviendo ese gran momento para nuestra vida… Es que a todos se nos viene en ese único instante tardes y noches enteras de estudio, con frío y con calor, semanas y meses detrás de cada examen, todo se junta en ese momento en un solo sentimiento de emoción.
Ahora bien, ya habiendo alcanzado este objetivo es necesario hacer un balance de lo vivido, y analizar lo que nos espera.
Particularmente, estoy agradecido a Dios por haber podido alcanzar este logro, y por haber podido formarme en la UCCuyo, de la que muchos están orgullosos y otros critican, pero de la que fuimos parte, y seremos parte por siempre, y que nos formó e infundió en nosotros conocimientos no sólo específicos de las ciencias en las cuales nos especializamos, sino, por sobretodo, conocimientos a cerca de las concepciones históricas a cerca del hombre y su rol en la tierra, formándonos dentro de la doctrina y la verdad del Evangelio.
Cristo, con una de sus parábolas nos enseñó que de la cantidad de talentos recibidos deberemos dar cuentas el día de mañana, y que él espera, que quien recibió más, trate de producir más, y no se quede, como el trabajador cómodo, con sus talentos guardados, sino que los haga dar fruto (Lc 19, 11).
Y cabe preguntarnos ¿No somos acaso benditos de ser hoy los nuevos profesionales universitarios de la sociedad? Pero… ¿Qué responsabilidad nos cabe en la construcción del destino de nuestro país y de este mundo globalizado? Si interpretamos la enseñanza de la parábola, y nos ponemos a pensar en la formación recibida, nos debemos dar cuenta que ya fuimos testigos de la verdad, de la que de ahora en más debemos dar testimonio .
Pienso que no solo seremos artífices de nuestros éxitos, sino que de nuestras decisiones depende el destino de un país y un mundo cada día más confundidos, con crisis de todo tipo, en la que se pierden valores y principios que van siendo dejados de lado por el relativismo y la indiferencia, por el egoísmo y el individualismo, y en la que del uso de nuestros “talentos” depende su futuro.
Es por eso que de ahora en más pido a Dios poder utilizar esta gran posibilidad de ser un profesional no solo en obtener logros y éxitos personales, sino en sembrar ese grano de arena que es necesario para construir una sociedad sana y amable. JUAN PABLO II, ante un grupo de estudiantes , decía: “quiero decirles que se preparen con ilusión y seriedad en su futura tarea, que tanta importancia tiene para la sociedad. Pongan sumo cuidado en no hacer de sus vidas una mera profesión, sino una verdadera vocación de servicio y de ayuda a los demás. …”. Por eso pensemos nuestro futuro en función del bien común de nuestra sociedad y nuestros hijos.
El Santo Padre hoy nos llama a todos los jóvenes, a practicar la caridad y el amor que debe ser lo central en nuestras vidas. Dice BENEDICTO XIV, citando el Evangelio: “La señal por la que conocerán que son discípulos míos, será que se aman unos a otros” (Jn 13,35) –, y nos alienta a que “…Seamos solícitos en buscar el bien de los demás, fieles a los compromisos adquiridos… . Por eso empeñemos nuestros “talentos” en construir una sociedad llena de amor y“… no sólo para conquistar una posición social, sino también para ayudar a los demás “a crecer”…Desarrollemos nuestras capacidades, no sólo para ser más “competitivos” y “productivos”, sino para ser “testigos de la caridad” .
Este propósito no es nada fácil, y seguramente cometeremos errores, pero como el “hijo pródigo” (Lc, 15,11) estemos dispuestos a ser humildes y volver al camino recto, aprendiendo de ellos, aceptando y reconociéndolos para superarnos.
Por eso sueño con formar parte de una generación que le cambie el rumbo a este país, que se juegue por sus ideales: defienda el derecho a la vida, practique la justicia, defienda y sostenga la familia, y practique el amor, la generosidad y la caridad en todo momento. Que crea en la verdad de la que hemos sido testigos en nuestro paso por la Universidad.
JUAN PABLO II en el Jubileo del Año 2000, nos dijo: “No se conformen con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defiendan la vida en cada momento de su desarrollo terreno, esfuércense para que esta tierra sea cada vez más habitable para todos…” .
Ahora comienza un nuevo desafío. “Detrás de cada línea de llegada hay una de partida”, decía la Madre Teresa de Calcuta. Por eso, pienso que este es el comienzo de otro sueño para lograr entre todos, y con la ayuda del Señor . Es el mejor legado que podremos dejarles a nuestros hijos. Nada será mejor y más hermoso que poder ver sus ojos el día de mañana y estar seguros que hicimos todo por dejarles un buen porvenir, y un mundo cada vez mejor.
Debo ahora agradecer a esta Universidad por abrirnos un camino nuevo. A cada profesor. A cada compañero. A todo el personal de la Universidad. A nuestra familia que nos apoyó y nos dio esta posibilidad. Que Dios nos de las fuerzas para emprender de ahora en más esta nueva Vida profesional, y nos bendiga siempre.
Muchas Gracias


Publicado por GEGM_81 @ 11:08  | Germ?n Grosso
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Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 25 de enero de 2008 | 0:02
muy buen mensaje, felicitaciones!!!
Publicado por carla
Jueves, 21 de febrero de 2008 | 19:45
Sos un hombre con muchas virtudes dones y Dios te ha dado una gran estrella. me encantan tus comentarios, pensamientos y como los expresas en las paginas. aunque siempre te llevo la contra Te Amo :g)